domingo, 29 de mayo de 2011

Lux

Cien días habían pasado desde la llegada de áquel chico, el hombre gustaba de leer en su mecedora mientras fumaba en su pipa, sin embargo por los últimos 20 días no podía parar un pensamiento en su cabeza "Despertará y querrá respuestas". Llevaba dormido cien días, cien días en los que su cabeza habia navegado por los mil mares que rodean nuestra imaginación, mientras las pinturas de su memoria eran lavadas por la locura de los sueños. El maestro que contaba con 40 años de vida, llevaba una túnica de cuero que le daba un porte imponente, cabello largo y negro miraba con extrañeza el cuerpo del muchacho en su lecho, buscando una razón para dejar de preguntarse "¿Cúando despertará?".

Despues de 25 días del presagio hecho por el maestro, el chico abrió sus ojos, eran celestes como el cielo, pero tenían una esencia a ese cielo esperando ser azotado y enegrecido por la más cruel tormenta. Se levantó de su lecho sentandóse en la cama, mientras el maestro le miraba mientras fumaba su tabaco.

El chico vestía de prendas ligeras y blancas, que le hacían relucir su cabello rubio y crecido por los 125 días de sueño eterno.

- He vuelto. - dijo el chico casi mecánicamente y sin pensarlos mientras su miraba estaba perdida lejos de dónde se encontraba su maestro.
- ... Bueno, es un alivio. - respondió el maestro.
- Qué me has hecho?. -dijo el chico, esta vez girando su cabeza para ver mejor al hombre.
- Fué por tu bien, debías dormir por el bien de la Nación. - el hombre se puso de pie mientras cerraba su gran libro y dejaba su pipa de lado, alejandose del lecho del chico para abrir las ventanas de la habitación; era una habitación de madera con paredes sin pintar y una gran alfombra púrpura, el color de los reyes decía el maestro, una pequeña cama y estantes que guardaban diversos libros, alquimia, cábala, hermetismo, astrología, medicina, biología, álgebra.
- Sólo lo recuerdo a usted, lanzandóme áquel conjuro para dormir, lo recuerdo perfectamente, quiero respuestas!. -exclamó el chico.
- Tu mente es frágil, por favor, descanza por hoy, has navegado por incontables pasajes en tu mente, desbes estar agotado. - respondió fríamente el maestro, mientras volvía a cerrar las cortinas y salía de la habitación, dejando a solas al muchacho.

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