sábado, 29 de enero de 2011

El sol Negro


- Vladislav, mira allí! - grité


Un grupo de hombres vestidos en armadura negra y con espadas que parecían devorar todo lo que tocaran estaban tomando a una chica del cuello.


- Templarios de Atón ... - respondió.

- Debemos hacer algo ...

- Imposible. - Karpov puso su mano delante de mí inpidiendome el paso. - Los templarios de Atón están protegidos por su armadura y su Sol Negro.

- Qué son exáctamente?. - ingerí.

- Son algo así como una secta parecida a la que pertenecimos pero mucho mas agresiva, van de mundo en mundo buscando gente que se les una o mejor dicho obligandólas, he escuchado que su sol negro devora mundos por completo y no deja nada más que un vacío que se agrega al lugar en donde se reunen, creando un gran mundo de oscuridad.


El hombre soltó a la chica y se dió una vuelta, dejándola sola en el piso.


- Yo ... yo hice todo lo que él me dijo... - susurró la chica.


De inmediato corrí a ayudarle y de paso ver si tenía la esencia que buscaba.


- Estás bien?.

- Algo, creo que él nisiquiera se dió el trabajo de matarme. - dijo la chica.

- Mi nombre es Hermes, él es Karpov, hemos visto lo que te han hecho.

- Vladislav Karpov, compañero de Hermes. - dijo

- Mi nombre es ... Venus ...


La chica tenía unos 16 años de la estatura de Hermes y tapaba su cara con una máscara para la arena y vestía harapos que eran usuales en Adul'hab por el viento y la arena. Su cabello era una extraña mezcla de Rojo y blanco, tenía rayas rojas en su cabello blanco. El sol había quemado su piel, pero ni eso la había hecho morena pues seguía teniendo un tóno pálido.


- Dime, Venus, que hacias tratando con unos tipos como esos, son bastante peligrosos. - Karpov parecía bastante interesado en la chica.

- Ellos ... me han prometido darme algo que necesito, será mejor que me vaya.


La chica parecía no interesarse en nuestra preocupación y antes de que Karpov siguiera preguntando corrió por la entrada principal de la ciudad que se encontraba a metros de dónde estabamos y corrió en dirección al desierto.


- Hermes, es ella. Otra ves, La Sacerdotisa ha cumplido su palabra y nos la ha presentado en nuestro destino, tal cual pasó con Sophia.

- Ha ido al desierto, debemos encontrarla.

- Si vas tal cual al desierto es posible que mueras, no cualquiera entra allí, necesitamos a un experto. Creo que podré encontrarlo.

- Quién?.

- Abraxas. - dijo.

- A... braxas, no puede ser, porqué no me dijiste que sabías donde estaba.


Abraxas había sido amigo de Aiko antes que yo, al parecer ésta lo conoció vagando en un mundo lleno de árboles sin rumbo. Luchó con nosotros antes de que Aiko desapareciera y los mundos cambiaran.


- Dónde ... Dónde está! - pregunté.

- Lo ví cuando aparecí aquí por primera vez sin saber dónde estaba, cuando todos desaparecieron, pero no era el Abraxas que tu o yo conocemos, era el líder de unos rebeldes que pelean en contra de los Caballeros del sol negro.

- Me dijo dónde estaba exactamente si necesitaba ayuda, busquemósle ahora. Tendremos que salir de la ciudad, pero no correremos peligro ya que tengo el mapa que me dió y pronto encontraremos a Venus.


Salimos por la entrada principal de la ciudad en dirección al este, buscando una fortaleza escondida entre las arenas. Caminamos por al menos 3 Horas, la ciudad parecía desaparecer desde tan lejos entre las doradas arenas, hasta que decidimos descansar y tomar un poco de agua. Karpov y yo usábamos unas máscaras que compramos en el mercado de Adul'hab para que la arena no fuera un impedimiento al respirar y agua en vasijas de cerámica, ya que allí el plástico era muy escaso y caro, pues se tenía que traer de mundos lejanos que se parecieran al mío.


- Hermes, viene alguien allí ... - me susurró Karpov.


Una sombra oscura, caminaba acercándose a nosotros caminaba en la lejanía de la arena, y el sol abrasador parecía distorsionar la figura.


- Oh, espera ya no está allí!.

- Tienes razón, la sombra ha desaparecido. - concluyó Karpov.

- Karpov!, atras!, está atrás.


La misma sombra caminaba pero esta ves parecía caminar desde el norte y cuando nos dimos cuenta, cambió otra vez apareció en el sur.


- Qué es exactamente?. - pregunté.

- No lo sé, pero parece querer algo. - Respondió Karpov con un tono preocupante.


La sombra dejó de caminar y comenzó a correr mientras desaparecía y aparecía en muchas direcciones. Por fin se acerco lo necesario para poder apreciar sus ropas, eran harapos como los de Venus y tenía una máscara en su cabeza que dejaba ver sus ojos solamente.


- Hermes cuidado!. - gritó Karpov mientras corría lejos de la sombra.


La sombra corrió desapareciendo y apareciendo en dirección a Hermes y parecía venir de todas partes al mismo tiempo. Saltó hacía él y puso sus piernas alrededor del torso mientras sacaba una daga desde la manga de sus harapos y le ponía desafiante en el cuello de Hermes.


- Dame todas tus cosas, o si no lo pagas con tu vida. - dijo una voz difícil de adivinar si era femenina o masculina.

- Agh, si sólo tuviera mi artema ... por qué tenía que desaparecer. - gruño Karpov.


Mientras Karpov se lamentaba al no poder hacer nada, Hermes golpeó con su codo en el pecho de su agresor y tomó la daga que tenía en el cuello, mientras se alejaba del misterioso ladrón se dio cuenta que en la daga se había enganchado un harapo.


- H-Hermes, mira! - gritó Karpov.


Me dí la vuelta mientras corría hacía Karpov y al darme cuenta de que el ladrón no era nada más ni nada menos que Venus. Paré y en ves refugiarme, corrí hacía ella que había sido atontada por el golpe.


- Es-Estás bien?!, VENUS!. - Le dije.

- Sueltame estúpido. - gruño. - Mi ... mi tiempo se ha acabado, yo .. yo traté, lo siento Abraxas...


Venus fué cayendo al suelo mientras cerraba sus ojos y su cuerpo se volvía gris.


- Venus!, no ... - grité.

- Hmp ... creo que ... - Karpov se acercó a analizar el cuerpo de Venus.

- Que he hecho ... yo no quería ... - lloraba mientras Karpov se acercaba al cuerpo.

- Hermes, no los has hecho tu, su cuerpo se ha convertido en piedra. Parte de un hechizo o algo así.

- Entonces, yo no he sido ...


De pronto se escuchó un gran estruendo a lo lejos y enfrente de los Karpov y Hermes apareció una gran bola negra en el cielo lejano.


- Mira!, el sol negro, alguien lo ha evocado!.

- Y según el mapa parece venir de la guarida de Abraxas.

- Definitivamente Venus y Abraxas están relacionados y me preocupa que ese sol se esté tragando algo importante. - dijo preocupado Karpov.

- No podemos dejarla aquí en medio de la nada. - dije

- Tu bolso, creo que puedo hacer un arnés con el soporte de él y llevarla en mi espalda, rápido. -sugerió Vladislav.


Después de enganchar el cuerpo de Venus a la espalda de Karpov, partimos en dirección al Sol Negro del desierto.





viernes, 28 de enero de 2011

Arenas de sentencia

Dos chicos peleaban entre las sombras, un lugar oscuro y sin luz.

- Quiero que te vayas lejos de aquí, no perteneces aquí. - dijo la chica de pelo claro
- Puedo ser útil, quiero .. quiero quedarme no creo que pueda volver. - le grité
- Es muy tarde, nunca debiste ser sacado de tu mundo en primer lugar.

El chico dejó de hablar y dio una vuelta.

- Entonces, volveré a mi mundo, quizás allí pueda ser útil.

De pronto, una luz salió de la nada y dió fin a la escena

- Despierta, Hermes! - Karpov estaba parado frente a mí tratando de despertarme.
- Vladislav ... he estado soñando.
- Por 3 días, desde que salimos de áquel mundo, he tenido que buscar hospedaje y comida me tenías preocupado.
- 3 Días?!, y ... dónde estamos?.

Mi lecho era bastante incomodo, y era una habitación pequeña con 2 camas, una ventana sin cristal por donde entraban los furiosos rayos del sol.

- No te preocupes, es Adul'hab. - respondió.
- .... Oh, ya lo presentía, por el calor.

Adul'hab era uno de los pocos mundos libres en dónde la gente sabía que existían otros mundos y venían aquí para comerciar y buscar aventuras. La ciudad gozaba de una buena economía debido a los cazadores de objetos y mercaderes que venían de gran cantidad de mundos de todos lados a vender sus cosas aquí. Sin embargo, Adul'hab estaba situada en medio de un desierto de arena, y tenía 2 soles lo que la hacía una lugar abrasador que acababa con toda vida que se aventurara a salir de la ciudad.

Me revisé el bolsillo y lo encontré: era el corazón de piedra que obtuve de la esencia de Sophia... lo observe un segundo y lo volví a guardar.

- Dónde crees que pueda estar la siguiente esencia?. - pregunté.
- Sería un buen lugar buscar aquí primero, considerando que viene gente de todos los lugares. - respondió.
- Cierto, vamos afuera a buscar.

Salimos de la posada y caminamos por las calles tierrosas y llenas de polvo, caballos, animales, puestos de comida, mercancia de contrabando, la ciudad era una combinación de gritos de comerciantes, sonidos de animales y gentío terrible, era muy fácil perderse entre la multitud por lo que Karpov me señaló que no me separara tanto.


El comienzo

Es una lástima lo que le pasó a Sophia, pero con todo esto no he tenido tiempo de presentarme. Mi nombre es Hermes, mi nombre real no lo recuerdo, sólo sé que "Él" me nombró así.

Vengo desde un mundo en donde todo es tan normal, los días son tranquilos y los atardeceres hermosos, vivía una vida normal como estudiante e iba todos los días al centro comercial a salir con unos amigos. D-k y Kali ... supongo que Kali ya me ha olvidado, sin embargo ... D-k el me ha sacado de mi hogar.

Al salir de mi mundo llegué a una secta que usaba armas para promover el fin del mundo entre los mundos, abusando de su poder. Allí es donde conocí a Aiko, una chica igual a mi ... que repentinamente desapareció.

Soy de estatura baja y pelo corto, negro. Visto una polera roja y una chaqueta color crema, que obtuve en uno de mis viajes a Adul'Hab, mi jeans siempre me acompañan en mis viajes y mi bolso negro es muy útil.

Mientras paseaba me encontré a Karpov, ex-miembro de la misma secta en la que conocí a Aiko, decidió ayudarme y de paso averiguar que pasó con áquella secta.

Al volver dónde estaba la supuesta secta, nos encontramos con una mujer, que sabía donde estaba Aiko, sin embargo me dijo que necesitaría esencias escarlata para que me lo diga ... espero que esto realmente valga la pena.

Hablando de Karpov, nunca me ha dicho desde que mundo viene exactamente, pero parece que tiene bastante experiencia en esto de viajar. Supe que en la secta a la que perteneciamos era uno de los mejores en exploración y tácticas. Es un aliado muy valioso.

Esencia


Mientras yo y Sophia estabamos en el jardín del palacio, Vladislav, seguía en el vestíbulo buscandóla en vano...

- Se ha demorado más de lo previsto será mejor ir a ver...

Karpov se aproximó hacia la entrada de los bastidores pero uno de los guardias lo detuvo.

- Esto, es un pequeño problema...
- Cough, señor ... me ... siento bastante mal. - Dijo una de las damas que se encontraba bailando.

Uno de los caballeros que se encontraba cerca la tomó del brazo y ésta cayó al suelo, desvanecida botando sangre desde la boca.
El baile paró y pronto mas personas comenzaron a caer mientras la gente comenzaba a asustarse.

En ese momento entré con Sophia casi muerta desde el jardín a los bastidores del castillo en busca de ayuda, pero me encontré con que la mayoría de las personas estaban en el suelo con sangre en la boca. Karpov aprovechó la situación entre gritos y atravesó la puerta para reencontrarnos.

- Karpov, Sophia está mal. -estaba bastante desconcertado por lo que estaba ocurriendo.
- Lo sé, la gente, está ... muriendo, algo está pasando.
- Debemos salvarla, debemos.

Mientras tanto en los aposentos del príncipe una persona entró cubierta de una capa negra.

- La gente está muriendo, TÚ gente está muriendo. - dijo la sombra.
- ¡¿QUÉ?!, quién eres tú?. - dijo el príncipe cogiendo una de las espadas que tenía a mano.
- Soy Amélie, General de la primera división del Imperio Rojo, su castillo ahora mismo está bajo ataque y usted debe salir con vida desde aquí.
- ... Lo sabía, una boda no sería lo que terminaría con la guerra, no descanzarían hasta quedarse con el reino... Debo hacer algo, lo siento no iré con usted.
- No le estoy dando una opción, no puede hacer nada usted está bajo el arresto del imperio rojo.
- Sophia...

El príncipe arremetió contra la sombra con la espada, pero ésta ágilmente giró y puso un arma a la espalda del noble.

- Tengo Autorización para matarle, pero me sirve más con vida, no me haga acabar con esto.

En el pasillo todavía seguía agonizante Sophia mientras me entregaba a la desesperación.

- Karpov, haz algo, te lo pido. - supliqué.
- De acuerdo a las muertes, debe ser un ataque biológico, una bacteria o algo, los está matando.

Sophia abrió los ojos lentamente y tomó mi mano.

- Fueron, fueron ellos ... Ceres me dijo algo, no creía que la boda sería el final de la guerra, es por eso que no quería casarse con esa mujer ... no le he creído, soy una tonta ... no merezco su amor ..
- Sophia!, no, espera .. tu sabes vivir, el te ama, siempre te seguirá amando.
- Hermes.
- Sophia ... por dios ... no mueras.
- Hermes!, tengo una solución. - gritó Karpov
- Uh? ..
- Su esencia, recuerdas que dije que te podría dar un poco de ella sin morir?, pues creo que ... si ella decide que tu puedes tomarla por completo, puede seguir viva, en un estado latente, en un letargo profundo hasta que tu decidas, es la única posibilidad de que viva.
- Karpov, lo hubieras dicho antes

Sophia medio muerta seguía tosiendo sangre mientras al parecer el alboroto en el salón comenzaba a convertirse en llantos y gritos de auxilio.

- No hay nada mejor que la muerte, que la esencia de la nada, que todo termine, que todo acabe y vuelva a nacer ... todo ... - suspiró Sophía.
- Sophia, necesito tu esencia, tu ser ... me lo das?. - rogué
- Toma todo, ya nada me sirve nisiquiera yo misma, yo ... debo dormir.

Una luz comenzó a salir del cuerpo de Sophia y ésta iluminó el pasillo completo, mientras tomó forma de una roca porosa en forma de corazón, con un color rojizo oscuro.

- He ahí, la esencia de Sophia Ritz. - dijo Karpov. - Nos vamos?, es hora de seguir el viaje.

Tomé la piedra y la guardé en uno de mis bolsillos, al tomarla era imposible que no se vinieran recuerdos de Sophia, de su rostro, de su vestido, de su música, de la elegancia de su ser.

Karpov abrió su libro y pronto, finalmente estuvimos fuera de áquel mundo en donde todo había terminado mal... El país vecino se tomó áquella noche el palacio y el príncipe murió poco después al oponerse al régimen nuevo. Pero las personas todavía hablaban de áquella mujer carmesí que cuando desapareció el país murió, ella era "El encanto del Reino" decían.

"Mi nombre: Sophia Ritz, no te dejes seducir por mi música ni mis artilugios, dentro de mí brilla la llama del Fuego eterno

jueves, 27 de enero de 2011

Ceres Relais

Al día siguiente el Palacio Austral estaba de fiesta, luces violeta iluminaban las blancas paredes del palacio, haciendo que éste pareciera de cristal violáceo.

Entré junto a Karpov vestidos de traje acorde a la ocasión, seguía cuestionandóme acerca de lo que debía hacer...

- "Debes matarlas, ellas; todas forman parte de ella. Para recuperarla debes obtener todas las partes". - Me dijo la Sacerdotisa de la Torre.

- Shane, será mejor que caminemos hasta los bastidores para encontrarnos con Sophia. - Me dijo Karpov.
- Si, cierto no nos desconcentremos.

Caminamos desde la entrada del palacio, pasando por las anchas puertas y entrando en el salón príncipal que estaba lleno de gente vestida de aparatosos trajes de gala y diferentes peinados para la tan importante festividad. Había un gran escenario en medio del salón y comida de todas las clases.

- Aquí no está Sophia, Karpov será mejor que esperes aquí por si aparece, buscaré entre los bastidores del escenario.

A veces realmente agradecía la fría compañía de Vladislav, era un tipo alto, de pelo blanco y ojos negros aterradores pero tranquilizadores en las ocasiones en donde perdía toda esperanza, actúaba todo por cálculos y no se perdía de ningún detalle.

Caminé por entre el baile y los vestidos de las mujeres para llegar al escenario, ví a una mujer gritandóles a los sirvientes y completamente fuera de sí, me acerqué para observar de cerca la situación.

- ¡QUE NO ESTÁ?!, escúchenme, NECESITO a Sophia Ritz, ella DEBE tocar en la celebración, no puedo aceptar un "ha desaparecido", en mi posición me es imposible, encuentrenla AHORA. - dijo la ataviada mujer.

Sophia claramente no se había presentado y todo nuestro plan junto con el de la celebración estaba acabando mal.

- Será mejor salir y avisar a Karpov. - pensé.
- Lo siento señor, la Baronesa Gwyen ha cerrado el paso a todo el personal mientras no aparezca la chica perdida.
- No soy personal señor, soy ...
- No me importa realmente no peude salir. - Gruñó el guardia.

Me detuve y dí una vuelta, pensé en dónde podría estar Sophia y me dispuse a recorrer las habitaciones del palacio en busca de ella, una por una hasta que finalmente no fué a ella a la que encontré.

- Oh, no es mi padre?. - Dijo Ceres.
- Príncipe. - Abrí la puerta y entré al cuarto. - Ha ocurrido algo, necesito su ayuda.
- No, no quiero saber nada de decoración, de la mujer con la que debo casarme, nada al respecto, estoy ...
- Se trata de Sophia.
- Sophia!, que le ha pasado a áquella mujer!.
- Ceres, escucha, sé lo que tienes con ella no hace falta que lo ocultes.

El Príncipe se levanto de su silla y me miró con sorpresa mientras trataba de figurarse como yo podría saber su secreto.

- Ella y yo ...
- Lo sé, por eso es que temo, Sophia podría haber huído, debo encontrarla, pero no sé donde, podría ayudarme?.
- Ella suele ir al jardín que se encuentra en este palacio, entre el roble y la flores rojas, gusta de sentarse allí a admirar las estrellas... iría yo, pero se me prohíbe salir de mis aposentos.
- Muy bien, la encontraré, ah ... querría hacerle una pregunta.
- Dígame.
- Si perdiera a Sophia, haría de todo para recuperarla no es cierto?.
- Todo, hasta lo imposible.
- Perfecto, sólo eso.

Abandoné la habitación un poco asustado y bajé por las escaleras en busca de una salida, las paredes del palacio estaban llenas de oro y decoraciones con motivos de ángeles me gustaría contemplarlas más de cerca, pero enserio debía de buscar a Sophia.

Patié una de las puertas que daban hacía el exterior hasta que finalmente abrió y corrí hacía el jardín del palacio, en busca de la dama Carmesí, de seguro si es que el príncipe no me hubiera dado las indicaciones de seguir el roble me hubiera perdido, cuando finalmente, estaba allí, acostaba de costado sobre el pasto con dirección al roble.

- Sophia ...

Ella se dió vuelta siempre acostada y dejó al descubierto un cuchillo de cocina que pasaba por su muñeca.

- Sophia!, no .. que ha ...
- Tonto, todavía, no he hecho nada... - dijo casi ída.

Se levantó y puso de rodillas frente a mi, con el cuchillo y la mirada perdida.

- Hoy pretendo terminar con todo, si no puedo seguir con mi amor, no seguiré con mi arte, ni con mi vida.
- Sophia, de seguro que todo esto se puede arreglar...
- Tú que sabes, él, es un mentiroso, cree que de verdad le creo lo de la obligación, no me ama realmente ...
- El dijo que haría todo por tí, Sophia.

Al parecer lo que le dije le perturbó y caminó hacía mi con el cuchillo.

- Que harías tu?, si perdieras lo que realmente quieres, si tuvieras que matarme para recuperarlo, lo harías?.
- Yo ...
- Toma el cuchillo. - Sophia extendió su mano y me pasó el cuchillo. Si realmente quieres recuperar a tu amada, serías capaz de matarme?.
- Yo ... no, no lo haría...
- Exacto, todos ustedes son unos viles mentirosos, son ... ogh ..

De la nada, sangre comenzó a salir de la nariz de Sophia.

- Qué .. que es esto?. Dijo Sophia espantada.

Sophia Ritz


Sophia era simplemente arte; la forma en la que se movía con su siempre tan cotidiano vestido rojo carmesí de fiesta, refinado y elegante. La forma en que gustaba de atraer las miradas, oídos y ojos de los demás cuando deleitaba con su belleza, elegancia y música con su bien amado violín.
A ella la conocí áquella noche, mientras el ocaso terminaba con la luz y la oscuridad se cernía por toda la ciudad, un mundo bastante pintoresco lleno de cosas inimaginables y personajes tan curiosos como interesantes. Ésta estaba cubierta por edificios y casas hechas de un cemento blanco, pero a la vez una capa de verde parecía mezclarse y formar parte de un paisaje urbano y con la magia del bosque.

Sophia tenía un secreto, estaba enamorada del Príncipe Ceres; el próximo gobernador de la región y sabía que éste también de ella, pero había un pequeñisimo detalle: éste debía casarse con la hija del gobernador de una región en guerra para finalizar áquel acontecimiento y cerrar por fin un evento trágico. El Príncipe Ceres amaba tanto a Sophia como amaba a su país y sabía que el destino de miles de personas dependía de la boda que acabaría con la guerra.

- Escucha, Karpov, necesito tu ayuda. - Le dije a mi compañero de viajes, Vladislav Karpov un tipo algo frío, alto que vestía traje y siempre leía ese libro suyo "De Magia", decía.
- Para qué, exactamente. -dijo en seco.
- La sacerdotisa, dijo que para recuperar su esencia, debo obtener su corazón, pero realmente no quiero matarla, hay alguna otra forma de obtenerla?. - pregunté.
- Posiblemente, creo. - Karpov abrió su libro y comenzó a hojearlo mientras miraba de reojo a Sophia que tenía una de sus citas secretas frecuentes con el príncipe en el cementerio de la ciudad. - ¡Oh!, aquí ... dice que para obtener la esencia de una dama debes matarla o que ella te la dé conscientemente, no morirá pues sólo te dará una parte de su corazón, de su ser.
- Excelente, esperemos hasta mañana, la boda del príncipe Ceres será mañana y tiene una presentación en el acto, de seguro podremos preguntarle allí.

De pronto, la voz de Sophia de olló a lo lejos.

- Adiós amado mío, que la luz alumbre tu camino siempre. - Dijo la hermosa mujer.
- Adiós querida, siempre me alumbrará la luz por que tu eres mi luz, aunque tenga que casarme con la mujer que no amo.


El príncipe se despidió y se perdió entre las tumbas del cementerio y la neblina, seguido de esto Sophia caminó lentamente hasta finalmente hacer lo mismo.