sábado, 21 de julio de 2012

Buscad al heredero del mago, Mercurius Ter Máximus.

viernes, 20 de julio de 2012

THE SEEKERS

Los días seguían fríos cómo siempre, las inmediaciones del instituto siempre se vaciaban apenas terminaban las clases ya que la temperatura era tan baja que se habían cancelado todas las actividades extraescolares.

Uno de esos días al salir de clases, Lawrence salió conversando con Seth acerca de lo difícil que se les hacia  estudiar y levantarse con el frío. Lawrence había visto en la televisión que la ola de frío no terminaría hasta pasado el domingo y estaban a miércoles. 

-Bueno, creo que debo irme. - dijo Seth
- Hey, mi hogar no queda muy lejos, creo que podría acompañarte. - dijo Lawrence. Seth estaba bastante sorprendido, el tiempo que llevaba en el Instituto se había percatado que éste no hablaba con nadie, de hecho sólo él le hablaba de vez en cuando. - Está bien, ¡vamos! -exclamó este.

Pasaron por las frías calles conversando sobre temas anexos, ambos iban cubiertos con una bufanda y guantes. Las calles se estaban volviendo oscuras, mientras el cielo cambiaba sus tonalidades de celeste a naranjo, rojo, azul oscuro.

Cuando ya llevaban treinta minutos de recorrido, las calles ya estaban totalmente vacías y oscuras.

Lawrence que ya tenía bastante frío se había arrepentido de acompañar a Seth caminando. En ese momento a cinco metros delante suyo vislumbró una especie de perla que brillaba. Adelantándose se arrodilló para cogerla. Era una especie de bola ahuecada y transparente, estaba muy helada y parecía tener un brillo violeta extraño.

- ¿Qué es eso? - preguntó Seth, acercándose. - Es una bolita - respondió el otro chico. - Vaya, bueno pues cógela y vámonos, ya es de noche. - sugirió Seth. - Mmmm ... creo que .. ¿eh? - La esfera comenzó a llenarse misteriosamente de un brillante líquido azul. - ¡S-se .. está llenando! - gritó Lawrence.

De pronto, a un costado de la calle, en un oscuro callejón se comenzaron a escuchar pasos. 

- Lawrence, mira. - Seth se puso atento a lo que podría aparecer.

Los pasos parecían acercarse a los chicos cada vez más. De pronto, desde la oscuridad una extraña extremidad con grandes garras que parecían cuchillas de metal y piel gris pareció apuntar a los chicos. Un humanoide deforme y repugnante salió de la oscuridad, caminaba encorvada, piel grisácea, tres huecos en la frente  y en vez de boca tenía una rejilla, largos tubos y cables le crecían desde la nuca.

- ¡¿Qué es eso?! - exclamó Lawrence mientras la criatura se acercaba más y más. - No lo sé, ¡pero creo que deberíamos salir de aquí! - Seth empujó a Lawrence y ambos corriendo calle arriba.

Un chillido horripilante se escuchó detrás de los chicos.




jueves, 19 de julio de 2012

El himno.

Hace tiempo he conocido a un chico, su nombre es Seth, parece serio sin embargo al hablarle su expresión cambia completamente y te devuelve una sonrisa. Ha ocupado tu puesto en el salón de clases, espero que no te moleste.

Saludos, un viejo amigo.

Lawrence estaba en la clase de gimnasia con el resto de los chicos de la clase. El profesor que era un joven recién egresado era siempre el más animado a hacer ejercicio sin embargo parecía un poco triste.

- Chicos creo que debemos hablar un tema antes de empezar la clase - dijo incómodo.

Los chicos se miraron los unos a los otros, Lawrence que estaba enfrente miró a Seth que se encontraba a su lado con desconcierto. 

- Dos chicos de más o menos su edad y un adulto han muerto en el volcamiento de un autobús y un vehículo particular - bajó la mirada - Es mi deber advertirles que regresen temprano a sus hogares y que sean bastante responsables al salir, que vivan ... - La clase lo miraba sin entender el por qué de la charla, al percatarse de esto el profesor se puso rojo - ¡Bueno, será mejor que comencemos!.

- ¿No está acostumbrado a dar consejos? - dijo Seth a Lawrence riendo. -El profesor Richard normalmente empieza la clase de inmediato, quizás era algún familiar suyo ... quién sabe. - respondió Lawrence.

En el transcurso de la clase, Seth había logrado pasar a todos sus compañeros en todas las actividades. Lawrence comenzaba a creer que no tenía ninguna habilidad en especial puesto que en los exámenes de casi todas las materias había sacado baja calificación, sin embargo era excepcionalmente ágil, fuerte y rápido.

Al salir de la clase, bastante agotado, Lawrence fue a las duchas y luego cuando iba saliendo del colegio en dirección a su hogar, volvió a ver a Seth salir. Desde hace unas semanas cuando llegó lo vio salir, sin embargo luego cada vez que salía de clases éste parecía desaparecer misteriosamente, no era bullicioso y parecía estar obsesionado con el libro con el que siempre portaba. Éste le daba una apariencia bastante culta, sin embargo después de ver sus calificaciones Lawrence sentenció su hipótesis cómo falsa.

El Renacer

El chico iba sentado en el último asiento de un autobús casi vacío, era bastante tarde, éste no quería llegar a su hogar así que se mantuvo rondando por el centro de la ciudad antes de volver.

Era un joven bastante retraído y serio, tenía el cabello negro y largo, sus ojos eran oscuros cómo el ónice, iba abrigado con un chaleco de cuero y guantes negros. 

"De seguro ha muerto", la voz de su madre se cruzó por su mente. "No lo encontraremos, ya olvídalo".

¿Cómo es posible que una madre diga eso? - pensó.

De pronto los pensamientos del chico cesaron abruptamente, el autobús paró en seco y el chico se golpeó la cabeza al dar con el asiento delantero. Una extraña neblina comenzó a invadir el autobús, al ver esto el chico se puso de pie curioso por lo sucedido. La chica de adelante parecía seguir escuchando música, estaba congelada al igual que el conductor.

- Buscas una nueva existencia Mercurius - dijo una voz femenina.

Desde la extraña niebla que se hacia cada vez más densa, surgió una mujer de largos cabellos blancos, ésta llevaba una túnica blanca y los ojos vendados por una cinta blanca. Las palabras se le hacían completamente familiar a Mercurius.

- ¿Qué has dicho? ¿Quién eres? - preguntó el chico tratando de mantener la calma, la mujer sonrió - He escuchado tus pensamientos, he visto en tus más profundas pesadillas y he decidido llevarte conmigo al Olvido - dijo la mujer, su voz era bastante sugestiva, algo había en ella que seducía profundamente a Mercurius - Ven conmigo, Mercurius - dijo finalmente. -"¿Mercurius?", pensó. "Me ha llamado Mercurius" - pensó el chico.

La mujer comenzó a avanzar en dirección al joven mientras levantaba su mano llamándolo. 

"Es hora" - dijo una voz dentro de la cabeza del chico.

Sus pies comenzaron a moverse lentamente en dirección a la mujer. No se podía detener. Sentía que en cada paso el nombre "Mercurius" quedaba grabado a fuego en su alma. Cuando finalmente éste tomó la mano de la mujer, desaparecieron en la densa niebla, cómo por arte de magia.

El autobús, la chica y el conductor siguieron el camino cómo si no se hubieran percatado de nada y la neblina desapareció junto con la mujer y el chico, hasta que de pronto un auto se cruzó en el camino, se escuchó el grito del conductor, y éste terminó volcado en medio de la ciudad.





jueves, 12 de julio de 2012

Re edición, El círculo de los increados.


CAPÍTULO I : LOS ACTORES

Espero que me sigas recordando, allí dónde estés. He escuchado que tus padres finalmente se mudarán. Creo que les ha pegado duro el hecho de perderte. Todavía me sigo preguntando qué hubiera pasado si hubiera hecho algo para impedir tu muerte.
Todavía no puedo creer que no te sentarás a mi lado este año. Edward dice que le han asignado a mi clase, esos idiotas por fin han hecho algo bien.

Espero que estés bien, dondequiera que estés.
Abrazos, un viejo amigo.

Lawrence caminaba rápido, altanero,  enojado, sólo la música que desviaba su atención de la larga caminata al instituto le mantenía lo suficientemente ocupado cómo para no explotar.
Era un chico de estatura media, unos 1.65 cm. tenía 17 años, pelo negro y largo, delgado, muy delgado. Su rostro regularmente infundía miedo en su clase.

Era el número uno de su clase, sin embargo su actitud había cambiado completamente el último año, al punto que era temido por muchos, ni siquiera los profesores le llamaban la atención o le reprimían temían que los dejaran en ridículo frente a los alumnos.

A pesar de estar enojado, se detuvo a observar el cielo, estaba bastante nublado, las calles de la ciudad estaban vacías, a esas horas casi nadie salía de su hogar. A medida que Lawrence se acercaba al instituto sintió como una leve brisa gélida acariciaba su rostro. De pronto, un copo de nieve se precipitó hacia él desde el cielo; comenzó a nevar.

Cuando finalmente llegó a las puertas del instituto, no vio rastro de los estudiantes. Pensó de inmediato que era mucho más tarde de lo que el ya creía que iba, por lo que entró apresuradamente por las anchas puertas.

Una chica que parecía perdida miraba un papel un poco desorientada, era más o menos de su misma estatura y tenía el pelo castaño claro, sus facciones deslumbraron a Lawrence ya que era muy hermosa. Ésta al verlo, con timidez, se acercó.

- Disculpa, dónde puedo encontrar la clase 5B?. - dijo la chica, mientras sotenía el papel en sus manos - Creo que está en uno de los pasillos contiguos a la dirección del colegio, frente a la entrada. - respondió el chico fríamente - Gracias. - la chica pareció haberle incomodado con su pregunta, ya que el chico sin despedirse prosiguió su rumbo al salón de clases.

Hizo el trayecto rutinario hacia el salón, mientras le ponía nervioso cada vez más el hecho de que no hubiera nadie en los pasillos, “estoy muy atrasado” pensó, agobiado por el hecho de llegar tarde pensó que sería mucho mas pertinente el quedarse fuera de la clase y luego entrar en el receso, pero la clase de esta semana era muy importante cómo para perdérsela por completo.
Al llegar al salón, vio por la ventanilla que no había nadie dentro.
Perplejo por esto sacó de su mochila su celular:  8:30 AM, ¡estaba media hora atrasado, cómo era posible que no hubiera nadie dentro!
Finalmente al entrar dejó su mochila en el primer puesto, a un lado del escritorio del profesor cómo era de costumbre. Observó el reloj de la clase que estaba arriba del pizarrón y su ira volvió a incrementar: Eran las 7:30 AM, su reloj se había adelantado una hora. Cayó con un colapso a su asiento mitad cansancio por la caminata, mitad sueño. “Edward debió ser”, pensó.

La puerta se abrió lentamente y se dejó ver un estudiante, en excelente estado y sonriente,  al ver a Lawrence sentado en la silla medio-muerto se acercó amistosamente.

 -¡Hola! – dijo el chico, Lawrence quién ya estaba bastante ocupado tratando de recobrar el aliento, sintió como el chico trataba de despertarlo. -¿Qué quieres?- respondió Lawrence, pensando que era uno de sus compañeros de clases. – Mi nombre es Seth, Seth Clavis, soy nuevo y… - Lawrence levantó la cabeza frunciendo el ceño para ver mejor al chico que le molestaba.

Seth era un chico bastante alto, pelirrojo. De facciones toscas, rostro pálido y alegres ojos verdes.

 -¿Me podría sentar a tu lado? –continuó el chico. Lawrence volvió a esconder su rostro entre sus brazos. Seth al parecer ignorando los gestos de disgusto de Lawrence se sentó a su lado. El silencio era incómodo.

Después de un rato, Lawrence levantó la cabeza para comprobar la hora, eran 15 minutos para las 8 de la mañana, un grupo de estudiantes ya había llegado al salón, estaban sentados atrás conversando.
 -Si lo que quieres es conversar, quizás ellos quieran – dijo Lawrence a Seth, que se encontraba leyendo un libro, éste lo miró con sorpresa – Si lo que quisiera fuera conversar lo hubiera hecho, pero el libro está demasiado interesante cómo para detenerme ahora mismo, tendré todo un año para hacer amistades. – respondió el chico.

Sonó la campana y al rato entraron los demás al salón acompañados del maestro: Edward, un hombre de buen porte, cabello negro, rostro sereno y sonrisa risueña. – Bien alumnos, hoy tenemos grandes noticias. – dijo el hombre mientras atravesaba el salón. –Hoy tenemos a dos alumnos nuevos en la clase, un chico y una chica, Seth Clavis y Anne Silverman respectivamente por supuesto, ellos… -el maestro de pronto puso sus ojos en Seth que se encontraba sentado en primera fila junto a Lawrence que miraba aburrido al profesor –… Pero qué tenemos aquí, yo pensé que te habías retrasado, bueno pasen adelante.

Seth se levantó y se puso frente al profesor mientras se escuchaban unos pasos que venían atrás. Lawrence vislumbro una cabellera castaño claro y luego se dio cuenta que era la chica tímida que estaba en la entrada.

-Mi nombre es Seth Clavis, encantado de conocerlos a todos, espero hacer buenas amistades este año aquí. – dijo el chico pelirrojo con una efusiva sonrisa. –El mío es Anne Silverman, espero llevarme bien con todos aquí. – la chica tenía una sonrisa tímida y una chispa en sus ojos que cautivó a Lawrence, así como una belleza extraordinaria –Anne, ¿Es cierto que ganaste por cinco años seguidos la feria de ciencias de tu estado? – Preguntó el profesor, curioso –La verdad es que sí, mi fuerte es la química – respondió Anne.

“Estúpida, está loca si piensa que me vendrá a ganar este año a mí”, pensó Lawrence para sus adentros. En ese instante, mientras el profesor seguía interrogando a los chicos Lawrence fijó su mirada en el libro que estaba sobre el puesto de Seth, era el libro que estaba leyendo; el título decía “LOS SIETE CÍRCULOS DEL OLVIDO”.

Al terminar el día, Lawrence decidió irse en autobus a su hogar, era bastante tarde y no había parado de nevar, hacía frío y estaba muy cansado. Había pasado el día sentado en su puesto resolviendo los ejercicios de matemáticas del día siguiente mientras Seth leía a su lado. No sabía si su presencia era molesta o no, a veces simplemente sentía que él estaba allí, pero que no podía perturbar su extraña aura mientras leía.

En el paradero frente a la salida del instituto vio como el chico se perdía en la lejanía, debía vivir cerca para irse caminando con el frío que había. Quizás no debió ser tan duro. Quizás él era una buena persona.

martes, 10 de julio de 2012

Soy una de las personas que siempre lo tuvo todo, dinero, amistades, poder, educación.
Sin embargo me sigo sintiendo patético, patético de saber que pude haberte dicho todo en un principio.
Creo que te amo.