Lo besé en la frente, pensé que debía ser un sueño, pero finalmente se había hecho realidad.
La ventana abierta y el viento que acariciaba gentilmente las cortinas con los típicos sonidos de la ciudad que venían desde afuera parecían sacados de una de esas películas en dónde todo funciona perfecto, como un reloj.
De pronto, me puse de pie. Recordé que el día anterior mi hermano había preguntado por mí al teléfono, cuando me encontraba trabajando en mi consulta.
"Internet", pensé, debía estar en internet, conectado a su perfil de Facebook, como siempre.
- Qué haces?- preguntó el, mientras tomaba mi computadora portátil y me sentaba a su lado interrumpiendo su sesión típica de días jueves en dónde se sentaba a mi lado escuchando música mientras yo leía.
- Creo que mi hermano quiere hablar conmigo, será algo de mi madre, hace tiempo que no le llamo. - respondí, casi sin querer dar mas explicaciones, cosa que el sabía ya que dejó de preguntar. Dejó sus audífonos de lado en una mesita llena libros que había conseguido en mercadillos por ahí.
- Quiero comer algo, me prepararé algo. - dijo, no le volví a ver hasta 15 minutos más cuando le vi pasar por el pasillo probablemente a su habitación con un gran emparedado en sus manos.
"No está, quizás esté trabajando", pensé luego de 20 minutos que esperé en facebook, mi perfil estaba aburrido, como siempre.
Me levanté, puse la computadora en el sofá, cerré la ventana acabando con la danza eterna de las cortinas, y fuí a nuestra habitación, dónde estaba él, tirado en la cama con el emparedado a medio comer y la televisión prendida en uno de esos programas dónde la gente va a ganar dinero pero siempre lo pierden todo.
- Necesito incienso. - dije mirándolo fijamente, mientras este me devolvía la mirada con el emparedado en la boca.
- Para qué?. - dijo el
- Llevamos casi 8 meses en este apartamento, es hora de ponerle nuestro toque. - lo miré con la misma sonrisa, el ya conocía esa sonrisa, y si no la recordaba, pues ahora la recordaría.
¡Hola!, mi nombre es Jeff, todos me dicen Fifo!, soy una persona totalmente no-normal de 18 años (actualmente) que vive en Antofagasta, chile y estudia Psicología en la UCN ;)
domingo, 31 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
La luz
Mercurius sintió su cuerpo ligero, suspendido en una luz ... podía ver como sus audífonos flotaban en la gran masa de luz, justo tal como lo hacía su cuerpo entero.
Se quedó suspendido durante segundos, quizás minutos o hasta horas, no supo cuanto tiempo estuvo suspendido en aquélla tranquilidad.
Pronto sintió su cuerpo más pesado, la gran luz comenzó a cesar, a transformarse en un lindo paraje lleno de flores de diferentes colores, blancas, negras, rojas, violetas, amarillas, naranjas, un gran cielo azul con algunas nubes que parecían manchas de pintura blanca que el pincel de un artista detalló especialmente en aquél hermoso cielo.
Mercurius estaba en el piso, de rodillas y con ambas manos sujetando su cuerpo. Percibió una presencia delante. Levantó ambas manos y su cabeza, dejando su cabello negro sobre su rostro.
- Keith ... eres tú ... - susurró.
Un chico rubio lo miraba enfrente, con los ojos medio cerrados, un rostro frío pero también brillante, parecía iluminar las flores a su alrededor con su pureza.
- Yo .. Keith, eres tú ... eres realmente tú. - dijo Mercurius casi sin aliento.
El chico se dio vuelta y pareció desaparecer convirtiéndose en una ráfaga de pétalos amarillos.
La mirada de Mercurius cambió, sintió como el corazón se le desgarraba poco a poco, como si una bala hubiera destruido lo último que le quedaba de esperanza, sintió como una luz poco a poco se apagaba.
Mercurius se levantó violentamente.
- ¡ERES TÚ! - gritó. - ¡¿NO FUISTE CAPAZ DE ENVIARME A OTRO LUGAR?! ... te odio, te odio y encontraré la forma de hacerte pagar por mi existencia, te haces llamar la Suma Emperatriz de los Increados, de los dioses, sin embargo. - unas lágrimas comenzaron a recorrer el rostro del chico. - Yo, lo juro por los increados, por los dioses que habitan esta tierra, que te haré pagar. - el chico cayó violentamente al suelo, de rodillas llorando.
- No ha sido ella la que te ha enviado aquí. - dijo una voz como una canción angelical.
Una mano pálida y hermosa levantó el rostro de Mercurius; era una mujer, de cabellos congelados y cristalizados, ojos verdes y rostro armónico. Estaba desnuda, irradiaba un aura blanca, que hacía que las flores a su alrededor bailaran al son de la energía que fluía de ella.
- No llores hijo mío ... Adán y Eva hicieron que nosotros lanzáramos una maldición sobre su estirpe, comieron el fruto del conocimiento, y fueron desterrado del Edén. - La mujer puso su mano sobre el rostro de Mercurius. - La oscuridad y el caos se ciernen sobre la Torre que alguna vez fue blanca, contaminándote con su oscuridad. Yo, Titania, Emperatriz de las mujeres que danzan por los hilos de la vida, te destierro de la maldición de los humanos, serás bienvenido al Edén.
- Qué dices ... quién eres ... - Mercurius estaba confundido, sin embargo la mano de aquélla mujer era cálida y se sentía confortable con su presencia.
- Eres el Ungido, Mercurius ... estás destinado a desvanecer tus sombras interiores, y a desvanecer las sombras de los demás... No dejes nunca que tu luz se apague. - dijo la mujer.
- Mi luz es Keith. - respondió Mercurius.
- La sombra de tu alma es fuerte, más que la de tu luz, pero con nuestra ayuda pronto la derrotarás ... debes hacer algo por mí hijo mío, encontraremos la forma de que la sombra de todos los mundos y el cosmos caiga.
Mercurius supo de inmediato que aquélla sombra era La Emperatriz, y también se dio cuenta que quienquiera que fuera esa mujer, sabía como acabar con su sombra.
- Dime que debo hacer. - dijo el chico, la mujer le volvió a acariciar la mejilla y lo levantó, éste la miró directo a los ojos, parecía perderse en su pureza y vitalidad.
- Debes abrirle el camino a los Avatares, a Kether, la fuente original y acabar con la Emperatriz desde allí.
- Kether?. - Mercurius estaba confundido.
- Uno Forjará la llave, el otro abrirá la puerta y finalmente el último será aquél que entre a la fuente creadora del Edén, debes encontrarlos y conducirlos al bosque de las Memorias, Buscheilm.
- Así haré, majestad.
Se quedó suspendido durante segundos, quizás minutos o hasta horas, no supo cuanto tiempo estuvo suspendido en aquélla tranquilidad.
Pronto sintió su cuerpo más pesado, la gran luz comenzó a cesar, a transformarse en un lindo paraje lleno de flores de diferentes colores, blancas, negras, rojas, violetas, amarillas, naranjas, un gran cielo azul con algunas nubes que parecían manchas de pintura blanca que el pincel de un artista detalló especialmente en aquél hermoso cielo.
Mercurius estaba en el piso, de rodillas y con ambas manos sujetando su cuerpo. Percibió una presencia delante. Levantó ambas manos y su cabeza, dejando su cabello negro sobre su rostro.
- Keith ... eres tú ... - susurró.
Un chico rubio lo miraba enfrente, con los ojos medio cerrados, un rostro frío pero también brillante, parecía iluminar las flores a su alrededor con su pureza.
- Yo .. Keith, eres tú ... eres realmente tú. - dijo Mercurius casi sin aliento.
El chico se dio vuelta y pareció desaparecer convirtiéndose en una ráfaga de pétalos amarillos.
La mirada de Mercurius cambió, sintió como el corazón se le desgarraba poco a poco, como si una bala hubiera destruido lo último que le quedaba de esperanza, sintió como una luz poco a poco se apagaba.
Mercurius se levantó violentamente.
- ¡ERES TÚ! - gritó. - ¡¿NO FUISTE CAPAZ DE ENVIARME A OTRO LUGAR?! ... te odio, te odio y encontraré la forma de hacerte pagar por mi existencia, te haces llamar la Suma Emperatriz de los Increados, de los dioses, sin embargo. - unas lágrimas comenzaron a recorrer el rostro del chico. - Yo, lo juro por los increados, por los dioses que habitan esta tierra, que te haré pagar. - el chico cayó violentamente al suelo, de rodillas llorando.
- No ha sido ella la que te ha enviado aquí. - dijo una voz como una canción angelical.
Una mano pálida y hermosa levantó el rostro de Mercurius; era una mujer, de cabellos congelados y cristalizados, ojos verdes y rostro armónico. Estaba desnuda, irradiaba un aura blanca, que hacía que las flores a su alrededor bailaran al son de la energía que fluía de ella.
- No llores hijo mío ... Adán y Eva hicieron que nosotros lanzáramos una maldición sobre su estirpe, comieron el fruto del conocimiento, y fueron desterrado del Edén. - La mujer puso su mano sobre el rostro de Mercurius. - La oscuridad y el caos se ciernen sobre la Torre que alguna vez fue blanca, contaminándote con su oscuridad. Yo, Titania, Emperatriz de las mujeres que danzan por los hilos de la vida, te destierro de la maldición de los humanos, serás bienvenido al Edén.
- Qué dices ... quién eres ... - Mercurius estaba confundido, sin embargo la mano de aquélla mujer era cálida y se sentía confortable con su presencia.
- Eres el Ungido, Mercurius ... estás destinado a desvanecer tus sombras interiores, y a desvanecer las sombras de los demás... No dejes nunca que tu luz se apague. - dijo la mujer.
- Mi luz es Keith. - respondió Mercurius.
- La sombra de tu alma es fuerte, más que la de tu luz, pero con nuestra ayuda pronto la derrotarás ... debes hacer algo por mí hijo mío, encontraremos la forma de que la sombra de todos los mundos y el cosmos caiga.
Mercurius supo de inmediato que aquélla sombra era La Emperatriz, y también se dio cuenta que quienquiera que fuera esa mujer, sabía como acabar con su sombra.
- Dime que debo hacer. - dijo el chico, la mujer le volvió a acariciar la mejilla y lo levantó, éste la miró directo a los ojos, parecía perderse en su pureza y vitalidad.
- Debes abrirle el camino a los Avatares, a Kether, la fuente original y acabar con la Emperatriz desde allí.
- Kether?. - Mercurius estaba confundido.
- Uno Forjará la llave, el otro abrirá la puerta y finalmente el último será aquél que entre a la fuente creadora del Edén, debes encontrarlos y conducirlos al bosque de las Memorias, Buscheilm.
- Así haré, majestad.
miércoles, 27 de julio de 2011
- Que has hecho con sus amigos?! - preguntó Mercurius enfadado.
La Emperatriz permaneció callada, en su lugar.
- Ella, ella venía con dos chicos más, dónde los has metido?, los has encerrado en esas armaduras como a todos los humanos que llegan aquí?
- Eso no es de incumbencia. - respondió la mujer. - los he enviado a Adul'hab, sólo para que tomen conciencia de que el mundo que les rodeaba antes ya no existe, nunca existió, sólo fue una ilusión. - ¡MIENTES! - gritó Mercurius. -Yo tenía una existencia en aquél entonces... no importaba de qué forma fuera, pero ellos y yo ... yo tenía una existencia en aquél lugar, la tierra. - Mercurius bajó la cabeza, unas lágrimas cayeron.
La mujer se quitó la capucha, y dejó al descubierto una cabellera rubia, casi blanca, y ojos cegados por una cinta negra.
- Yo te dí una existencia, yo te dí la sombra. - Dijo la mujer levantando ambos brazos, en ese momento, una sombra apareció detrás de Mercurius.
- Me la diste sólo para cumplir tus deseos y apresarla en mi cuerpo, no era más que un cascarón vacío que debía ser llenado con odio, venganza y toda clase de sentimientos sucios que encarcelaste en mi alma.
- No lo veas de esa forma hijo mío, yo te he dado la sombra para que la uses a tu favor, es un don, un regalo. - La sombra detrás de Mercurius comenzó a incrementar su tamaño, mientras el aura de Mercurius parecía hacerse mas densa, tomando un color negro.
-Un don?, este don pertenecía al chico, Hermes ... aquélla persona que me has hecho asesinar y encarcelar su sombra dentro de mí, lo veo todos los días en mi mente y esta sombra no es más que un recordatorio más de lo que he hecho, está mal ... está mal... - dijo Mercurius con cierto esfuerzo, las lágrimas y el dolor trataban de ahogar su voz.
La mujer observaba con detenimiento y tranquilidad como la sombra de Mercurius comenzaba a tomar la forma de un chico, comenzaba a tomar la forma de Hermes, aquél chico que ella conocía bien.
- Sin embargo ... lo tengo todo controlado, yo ... - Mercurius se llevó las manos a su rostro para secar sus lágrimas. - yo lo he superado. - La sombra comenzó a desaparecer y pronto a ser absorbida por el cuerpo del chico. - Tú, sé tu secreto emperatriz, sé que no eres una increada y que clamas ser la Emperatriz de los Dioses, de los increados, sin embargo, quién diría que la gran emperatriz es una simple humana, como yo. - dijo el chico con esa sonrisa malévola y ojos llenos de resentimiento que son capaces de atemorizar a cualquiera.
La emperatriz apareció de pronto enfrente de Mercurius, tan cerca que podía ver hasta los detalles más finos de su rostro, su respiración, sus labios, hasta creyó distinguir los ojos humanos que se encontraban debajo de esa impía venda.
- Esto es algo que arreglaremos pronto, algo que pagarás pronto. - dijo la mujer con la misma tranquilidad de siempre.
Mercurius salió disparado hacía atrás, vió a la mujer desde lejos observándolo, luego vio las puertas abiertas, finalmente una luz lo abrazó.
La Emperatriz permaneció callada, en su lugar.
- Ella, ella venía con dos chicos más, dónde los has metido?, los has encerrado en esas armaduras como a todos los humanos que llegan aquí?
- Eso no es de incumbencia. - respondió la mujer. - los he enviado a Adul'hab, sólo para que tomen conciencia de que el mundo que les rodeaba antes ya no existe, nunca existió, sólo fue una ilusión. - ¡MIENTES! - gritó Mercurius. -Yo tenía una existencia en aquél entonces... no importaba de qué forma fuera, pero ellos y yo ... yo tenía una existencia en aquél lugar, la tierra. - Mercurius bajó la cabeza, unas lágrimas cayeron.
La mujer se quitó la capucha, y dejó al descubierto una cabellera rubia, casi blanca, y ojos cegados por una cinta negra.
- Yo te dí una existencia, yo te dí la sombra. - Dijo la mujer levantando ambos brazos, en ese momento, una sombra apareció detrás de Mercurius.
- Me la diste sólo para cumplir tus deseos y apresarla en mi cuerpo, no era más que un cascarón vacío que debía ser llenado con odio, venganza y toda clase de sentimientos sucios que encarcelaste en mi alma.
- No lo veas de esa forma hijo mío, yo te he dado la sombra para que la uses a tu favor, es un don, un regalo. - La sombra detrás de Mercurius comenzó a incrementar su tamaño, mientras el aura de Mercurius parecía hacerse mas densa, tomando un color negro.
-Un don?, este don pertenecía al chico, Hermes ... aquélla persona que me has hecho asesinar y encarcelar su sombra dentro de mí, lo veo todos los días en mi mente y esta sombra no es más que un recordatorio más de lo que he hecho, está mal ... está mal... - dijo Mercurius con cierto esfuerzo, las lágrimas y el dolor trataban de ahogar su voz.
La mujer observaba con detenimiento y tranquilidad como la sombra de Mercurius comenzaba a tomar la forma de un chico, comenzaba a tomar la forma de Hermes, aquél chico que ella conocía bien.
- Sin embargo ... lo tengo todo controlado, yo ... - Mercurius se llevó las manos a su rostro para secar sus lágrimas. - yo lo he superado. - La sombra comenzó a desaparecer y pronto a ser absorbida por el cuerpo del chico. - Tú, sé tu secreto emperatriz, sé que no eres una increada y que clamas ser la Emperatriz de los Dioses, de los increados, sin embargo, quién diría que la gran emperatriz es una simple humana, como yo. - dijo el chico con esa sonrisa malévola y ojos llenos de resentimiento que son capaces de atemorizar a cualquiera.
La emperatriz apareció de pronto enfrente de Mercurius, tan cerca que podía ver hasta los detalles más finos de su rostro, su respiración, sus labios, hasta creyó distinguir los ojos humanos que se encontraban debajo de esa impía venda.
- Esto es algo que arreglaremos pronto, algo que pagarás pronto. - dijo la mujer con la misma tranquilidad de siempre.
Mercurius salió disparado hacía atrás, vió a la mujer desde lejos observándolo, luego vio las puertas abiertas, finalmente una luz lo abrazó.
lunes, 25 de julio de 2011
Sólo el tiempo sana las heridas.
Mercurius sabía lo que estaba pasando. Desde aquél día en el que todo cambió, aquél día en que fue desterrado del mundo que conocemos para siempre, perdiendo la oportunidad de existir.
Su padre golpeaba frecuentemente a su madre. Cada día que este se emborrachaba la golpeaba enfrente del pequeño, sin tener conciencia de lo mucho que mucho que sufría, obligándolo a aislarse en un mundo dónde no existían golpes ni ataques: su imaginación.
Vivían en un pequeño apartamento en Nueva York, ambos padres tenían estudios y ganaban el suficiente dinero para salir de allí. Sin embargo, el vicio de su padre los había llevado a la ruina.
Cuando Mercurius (en aquél entonces Claude), tenía 10 años nació Keith, su hermano menor, meses después su padre murió en un confuso accidente en un bar.
Al crecer Keith demostró tener grandes habilidades con la pintura, y con la nueva libertad de la madre de ambos, la vida familiar de Claude mejoró drásticamente. Claude llevaba todos los días a Keith a la escuela mientras su madre trabajaba.
Keith desarrolló un gran afecto por su hermano mayor, sin embargo, éste seguía igual de frío que siempre, parecía haber perdido la capacidad de demostrar cariño para siempre, aunque en su interior, una luz de cariño y cuidado brillaba gracias al pequeño Keith.
Keith era rubio, delgado y ojos verdes, mientras que Claude tenía los ojos oscuros y vacíos de su padre, el cabello negro también de éste y la misma complexión delgada de la familia.
Claude estudiaba bien, se le daba bien de hecho, aunque no tenía amigos y era bastante solitario, le gustaba así, era mejor.
Hasta que sucedió.
Claude llamó a su madre; estaba desesperado, Keith no acostumbraba a demorarse en llegar al apartamento al salir de la escuela, habían pasado tres horas y todavía no volvía.
Pasaron meses y Keith jamás apareció, la última ves que se le vio fue parado enfrente de su escuela, se estaba despidiendo de sus amigos para dirigirse a su hogar, cuando simplemente se esfumó del aire.
La situación era desesperante, el apartamento volvía a tener esa aura sombría y tenebrosa que tuvo antaño, su madre cayó en el vició que logró despedazar la niñez de Claude.
Era un domingo, eran las seis de la tarde, el sol se escondía.
Claude decidió tomar el metro, para alejarse de todo, no importa donde le llevara "En cualquier lugar estaría mejor que en ese apartamento" - pensó.
Sentado, con la cabeza baja, el cabello negro con mechones rojos le daba un toque bastante particular y oscuro. Sus audífonos negros y circulares envolvían sus oídos de cualquier sonido exterior, su chaleco y pantalón negro hacían que cualquier persona se sintiera incómoda sólo de sentir la extraña energía de aquél ser que parecía ser sólo un chico de 17 años.
Y pasó, sintió la puerta, pudo sentir sus manos acariciando la manilla de aquél extraño portal. Abrió los ojos. El mundo parecía haberse detenido. El hombre enfrente de su asiento parecía estar congelado mirándolo fijamente. Lo mismo notó con las otras 4 personas que se encontraban en el vagón.
- Ven conmigo y te daré una nueva existencia. - dijo una voz femenina.
Claude temió, pero siguió la voz a uno de los extremos del vagón suspendido en el misterioso vórtice de tiempo. A medida que se acercaba veía una luz, cada vez era mas fuerte, parecía envolverlo. Todo era diferente ya.
Claude murió para siempre, y con ello nació Mercurius.
Su padre golpeaba frecuentemente a su madre. Cada día que este se emborrachaba la golpeaba enfrente del pequeño, sin tener conciencia de lo mucho que mucho que sufría, obligándolo a aislarse en un mundo dónde no existían golpes ni ataques: su imaginación.
Vivían en un pequeño apartamento en Nueva York, ambos padres tenían estudios y ganaban el suficiente dinero para salir de allí. Sin embargo, el vicio de su padre los había llevado a la ruina.
Cuando Mercurius (en aquél entonces Claude), tenía 10 años nació Keith, su hermano menor, meses después su padre murió en un confuso accidente en un bar.
Al crecer Keith demostró tener grandes habilidades con la pintura, y con la nueva libertad de la madre de ambos, la vida familiar de Claude mejoró drásticamente. Claude llevaba todos los días a Keith a la escuela mientras su madre trabajaba.
Keith desarrolló un gran afecto por su hermano mayor, sin embargo, éste seguía igual de frío que siempre, parecía haber perdido la capacidad de demostrar cariño para siempre, aunque en su interior, una luz de cariño y cuidado brillaba gracias al pequeño Keith.
Keith era rubio, delgado y ojos verdes, mientras que Claude tenía los ojos oscuros y vacíos de su padre, el cabello negro también de éste y la misma complexión delgada de la familia.
Claude estudiaba bien, se le daba bien de hecho, aunque no tenía amigos y era bastante solitario, le gustaba así, era mejor.
Hasta que sucedió.
Claude llamó a su madre; estaba desesperado, Keith no acostumbraba a demorarse en llegar al apartamento al salir de la escuela, habían pasado tres horas y todavía no volvía.
Pasaron meses y Keith jamás apareció, la última ves que se le vio fue parado enfrente de su escuela, se estaba despidiendo de sus amigos para dirigirse a su hogar, cuando simplemente se esfumó del aire.
La situación era desesperante, el apartamento volvía a tener esa aura sombría y tenebrosa que tuvo antaño, su madre cayó en el vició que logró despedazar la niñez de Claude.
Era un domingo, eran las seis de la tarde, el sol se escondía.
Claude decidió tomar el metro, para alejarse de todo, no importa donde le llevara "En cualquier lugar estaría mejor que en ese apartamento" - pensó.
Sentado, con la cabeza baja, el cabello negro con mechones rojos le daba un toque bastante particular y oscuro. Sus audífonos negros y circulares envolvían sus oídos de cualquier sonido exterior, su chaleco y pantalón negro hacían que cualquier persona se sintiera incómoda sólo de sentir la extraña energía de aquél ser que parecía ser sólo un chico de 17 años.
Y pasó, sintió la puerta, pudo sentir sus manos acariciando la manilla de aquél extraño portal. Abrió los ojos. El mundo parecía haberse detenido. El hombre enfrente de su asiento parecía estar congelado mirándolo fijamente. Lo mismo notó con las otras 4 personas que se encontraban en el vagón.
- Ven conmigo y te daré una nueva existencia. - dijo una voz femenina.
Claude temió, pero siguió la voz a uno de los extremos del vagón suspendido en el misterioso vórtice de tiempo. A medida que se acercaba veía una luz, cada vez era mas fuerte, parecía envolverlo. Todo era diferente ya.
Claude murió para siempre, y con ello nació Mercurius.
miércoles, 20 de julio de 2011
El Teatro de los devorados
Era de noche en aquél bosque, todos los días a la misma hora Mercurius acostumbraba a soñar despierto navegando entre los más extraños y excéntricos mundos que uno pudiera imaginar.
El bosque estaba compuesto por arboles de madera negra y hojas verde musgo, la tierra mojada evidenciaba una lluvia reciente, había niebla y el ambiente parecía frío, desolador.
El bosque estaba compuesto por arboles de madera negra y hojas verde musgo, la tierra mojada evidenciaba una lluvia reciente, había niebla y el ambiente parecía frío, desolador.
Mercurius se llevó las manos a la cabeza, mientras trataba de reflexionar sobre lo que le estaba ocurriendo.
No recordaba cómo había llegado allí, sin embargo sabía que no sería un buen lugar. Nunca era el tiempo ni el lugar adecuado para Mercurius.
- Qué es el suicidio, sino el paso a otra vida?. - dijo una voz entre la maleza.
Mercurius levantó la cabeza y trato de observar su entorno con atención, para lograr averiguar de dónde venía aquélla voz tan mística, miró entre los troncos de los árboles, entre las hojas caídas. Hubo silencio.
De pronto, escuchó ruidos enfrente de el, desde un árbol salió un hombre con sombrero de copa, traje negro harapiento y una máscara blanca sonriente con ojos perturbadores, tenía unos cuantos mechones de cabello blanco que caían desde el sombrero hasta sus hombros. El hombre apareció danzando Ballet en medio de los árboles y de cierto modo tenía un aire extraño que le incómodaba a Mercurius.
- Quién eres?. - preguntó el chico, asustado y levantándose desde el tronco en el que se encontraba sentado
- Qué importa quién soy, sino cuál es mi mensaje. - dijo el excéntrico personaje.
El hombre se acercó danzando y dando vueltas, Mercurius notó que su voz llegaba en cierto modo a ser ronca con un tono grave. El hombre tomó una de las manos de Mercurius, éste dudó e incluso desconfió de aquél estrafalario hombre, pero se dejó llevar, se fijó en sus manos, eran viejas, huesudas y arrugadas.
- La muerte está danzando en tí. - musitó el hombre con el mismo tono grave, moviendo su cabeza de un lado a otro expresivamente.
- Eh?. - Mercurius no entendía nada.
El hombre se puso de espaldas frente a Mercurius y se hincó, hizo unas maniobras con sus manos y luego volvió a darse vuelta con una máscara esta vez con una expresión triste.
- Sígueme, sígueme, sígueme y danza conmigo maldito de Adán. - exclamó el hombre moviendo los brazos de un lado a otro, finalizado esto se dio vuelta y comenzó a saltar y dar vueltas mientras caminaba. Mercurius decidió seguirle.
Luego de un momento, cuando la luna estaba en el punto más alto del cielo, el bosque oscuro se transformó en un lúgubre camposanto. Tumbas por doquier, mausoleos antiguos y a punto de caer, el hombre seguía danzando por las tumbas, disfrutando de su propia fiesta en medio de la tétrica noche.
- La muerte está danzando en tí. - musitó el hombre con el mismo tono grave, moviendo su cabeza de un lado a otro expresivamente.
- Eh?. - Mercurius no entendía nada.
El hombre se puso de espaldas frente a Mercurius y se hincó, hizo unas maniobras con sus manos y luego volvió a darse vuelta con una máscara esta vez con una expresión triste.
- Sígueme, sígueme, sígueme y danza conmigo maldito de Adán. - exclamó el hombre moviendo los brazos de un lado a otro, finalizado esto se dio vuelta y comenzó a saltar y dar vueltas mientras caminaba. Mercurius decidió seguirle.
Luego de un momento, cuando la luna estaba en el punto más alto del cielo, el bosque oscuro se transformó en un lúgubre camposanto. Tumbas por doquier, mausoleos antiguos y a punto de caer, el hombre seguía danzando por las tumbas, disfrutando de su propia fiesta en medio de la tétrica noche.
sábado, 16 de julio de 2011
Anne seguía teniendo esa extraña sensación en el pecho, como si algo malo estuviera pasando, de alguna u otra forma sabía que Mercurius le había provocado esa sensación. Quizás el tenía razón y la sacerdotisa no tenía buenas intenciones.
- Anne. - Una figura negra se alzaba escalones arriba.
Anne pareció despertó de sus propios pensamientos, era un hombre con una toga negra como todos los demás en la torre, alto y con su rostro tapado por una capucha, su voz sonaba familiar, sin embargo todavía tenía esa sensación en su pecho que le hizo olvidar de dónde era esa voz.
- Debes seguirme, son órdenes de la Emperatriz. - Anne no tenía más opción que seguirlo, por lo que esperó ordenes.
La figura se puso en dirección a la pared de la escalera y puso su palma derecha en la pared. Ésta se abrió y dejó ver un largo pasillo con muchas puertas.
- Vamos a tu habitación. - dijo la figura.
Anne lo siguió por aquél estrecho pasillo hasta la última puerta, era una puerta negra y parecía pesada. Anne la iba a abrir, cuando sintió como el hombre se sacaba la capucha, lo miró directo a los ojos y quedó sorprendida.
- Maestro?. - musitó.
- Algo así. - dijo Edward, maestro de Anne, Seth y primo de Lawrence.
- Qué haces aquí?. - preguntó Anne sorprendida, Edward se llevó uno de sus brazos a la cabeza.
- Estoy aquí hace un año, mi subconsciente viaja todas las noches aquí, estoy aprendiendo. - dijo con seguridad.
- Tu subconsciente?, sabías que existía este sitio?, cómo es que no le contaste a ...
- La verdad es que por ley no puedo recordar nada de lo que me pase aquí en nuestro mundo, pero todo lo que haga Edward yo lo veo y lo siento, me encuentro en un estado latente. - dijo Edward.
- Maestro, por favor, dígame como salir de aquí, Seth y Lawrence, ellos ... - Anne estaba desconsolada y a punto de llorar.
- Lawrence también está aquí?, no le he visto por la torre. - dijo Edward pensativo.
- No, nosotros llegamos aquí, pero la Emperatriz ha decidido dejarme aquí mientras Seth y Lawrence van a buscar la forma de volver a nuestro mundo en Adul'hab.
Edward hizo un gesto de preocupación, cruzó los brazos y comenzó a pensar.
- Me parece muy raro que la Emperatriz haya hecho eso, que yo sepa tu aún puedes volver a tu cuerpo en el mundo real, y no bastará más que una pequeña concentración para volver a ... espera...
Edward pensó y puso un rostro de desconcierto. Anne estaba preocupada.
- Has faltado al colegio, hace cuanto que están aquí?. - preguntó.
- Creo que ... Una noche y día, hoy será la segunda noche que paso aquí. - respondió Anne. - Espere, como que he faltado al colegio?.
- Has faltado al colegio porque tu cuerpo no tiene tu cuerpo Astral, has estado encerrada aquí sin volver, sin embargo ... Lawrence y Seth ... ellos han ido completamente normal.
- No es posible, Lawrence y Seth partieron la tarde de ayer a Adul'hab. - replicó Anne.
- Hay algo que debes saber, Anne. - dijo el joven.
Lawrence sintió una cálida sensación en su cuerpo, de pronto y fuera de las tinieblas del sombrío viaje se encontró en una habitación rústica con dos camas de madera y una ventana sin cristal, la habitación tenía piso de madera y paredes de piedra amarilla, los mismos que componían las arábicas viviendas de Adul'hab.
Hermes apareció junto a Karpov de pronto en frente de ambos chicos.
- Esto no es La Torre de Babel. - dijo Lawrence con cierto enojo, Seth ya estaba olvidando su pesado temperamento, agradeció en sus adentros el gesto de su amigo, de cierta forma le recordaba que seguía siendo el mismo.
- No planeas ir sin haber descansado, ni siquiera comido, con ese rostro y si no mal recuerdo alguien me comentó que deben estar en esa torre en 2 días más. - Dijo Hermes, mientras Karpov asintió en silencio.
- Pe ... - Lawrence estaba molesto, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar Anne en la torre, ni siquiera sabía si lo estaba pasando mal o bien.
- Será mejor quedarnos hoy. - dijo Seth.
- Anne. - Una figura negra se alzaba escalones arriba.
Anne pareció despertó de sus propios pensamientos, era un hombre con una toga negra como todos los demás en la torre, alto y con su rostro tapado por una capucha, su voz sonaba familiar, sin embargo todavía tenía esa sensación en su pecho que le hizo olvidar de dónde era esa voz.
- Debes seguirme, son órdenes de la Emperatriz. - Anne no tenía más opción que seguirlo, por lo que esperó ordenes.
La figura se puso en dirección a la pared de la escalera y puso su palma derecha en la pared. Ésta se abrió y dejó ver un largo pasillo con muchas puertas.
- Vamos a tu habitación. - dijo la figura.
Anne lo siguió por aquél estrecho pasillo hasta la última puerta, era una puerta negra y parecía pesada. Anne la iba a abrir, cuando sintió como el hombre se sacaba la capucha, lo miró directo a los ojos y quedó sorprendida.
- Maestro?. - musitó.
- Algo así. - dijo Edward, maestro de Anne, Seth y primo de Lawrence.
- Qué haces aquí?. - preguntó Anne sorprendida, Edward se llevó uno de sus brazos a la cabeza.
- Estoy aquí hace un año, mi subconsciente viaja todas las noches aquí, estoy aprendiendo. - dijo con seguridad.
- Tu subconsciente?, sabías que existía este sitio?, cómo es que no le contaste a ...
- La verdad es que por ley no puedo recordar nada de lo que me pase aquí en nuestro mundo, pero todo lo que haga Edward yo lo veo y lo siento, me encuentro en un estado latente. - dijo Edward.
- Maestro, por favor, dígame como salir de aquí, Seth y Lawrence, ellos ... - Anne estaba desconsolada y a punto de llorar.
- Lawrence también está aquí?, no le he visto por la torre. - dijo Edward pensativo.
- No, nosotros llegamos aquí, pero la Emperatriz ha decidido dejarme aquí mientras Seth y Lawrence van a buscar la forma de volver a nuestro mundo en Adul'hab.
Edward hizo un gesto de preocupación, cruzó los brazos y comenzó a pensar.
- Me parece muy raro que la Emperatriz haya hecho eso, que yo sepa tu aún puedes volver a tu cuerpo en el mundo real, y no bastará más que una pequeña concentración para volver a ... espera...
Edward pensó y puso un rostro de desconcierto. Anne estaba preocupada.
- Has faltado al colegio, hace cuanto que están aquí?. - preguntó.
- Creo que ... Una noche y día, hoy será la segunda noche que paso aquí. - respondió Anne. - Espere, como que he faltado al colegio?.
- Has faltado al colegio porque tu cuerpo no tiene tu cuerpo Astral, has estado encerrada aquí sin volver, sin embargo ... Lawrence y Seth ... ellos han ido completamente normal.
- No es posible, Lawrence y Seth partieron la tarde de ayer a Adul'hab. - replicó Anne.
- Hay algo que debes saber, Anne. - dijo el joven.
Lawrence sintió una cálida sensación en su cuerpo, de pronto y fuera de las tinieblas del sombrío viaje se encontró en una habitación rústica con dos camas de madera y una ventana sin cristal, la habitación tenía piso de madera y paredes de piedra amarilla, los mismos que componían las arábicas viviendas de Adul'hab.
Hermes apareció junto a Karpov de pronto en frente de ambos chicos.
- Esto no es La Torre de Babel. - dijo Lawrence con cierto enojo, Seth ya estaba olvidando su pesado temperamento, agradeció en sus adentros el gesto de su amigo, de cierta forma le recordaba que seguía siendo el mismo.
- No planeas ir sin haber descansado, ni siquiera comido, con ese rostro y si no mal recuerdo alguien me comentó que deben estar en esa torre en 2 días más. - Dijo Hermes, mientras Karpov asintió en silencio.
- Pe ... - Lawrence estaba molesto, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar Anne en la torre, ni siquiera sabía si lo estaba pasando mal o bien.
- Será mejor quedarnos hoy. - dijo Seth.
miércoles, 13 de julio de 2011
Castidad.
Ambas armaduras cayeron al suelo desprendiendo un líquido negro mientras se retorcían de "dolor".
- Chica, ¡Esta mujer no hace más que engañar a los humanos! - Gritó Mercurius, dirigiéndose a Anne.
Anne miró fijamente a Mercurius, y vio sus ojos tan oscuros como la misma torre con una expresión de ira y furia, que parecía estar siendo lentamente desatada. Luego miró a la Emperatriz, que miraba erguida como dos de sus lacayos parecían ser lentamente aniquilados por la naturaleza oculta del chico.
- Sólo dos más Dama oscura, ¿es así como sacrificas a tus lacayos?, Enviándolos a su propia muerte. - exclamó el chico mientras una de las armaduras que seguía en pie era golpeada por una fuerza invisible en su yelmo.
Una de ellas, que seguía en pie lanzó un embate con su espada a Mercurius, pero la fuerza oculta volvió a actuar como un escudo, que le protegía. Mercurius sonrió. El yelmo de la armadura explotó mientras que los guanteletes de la armadura que forcejeaba su espada contra la fuerza explotaban violentamente liberando aquél liquido sombrío.
Mercurius, tomó aire mientras veía la sombra caer frente a sus pies, mientras el fuego de la espada se apagaba lentamente, dirigió su miraba a la Emperatriz que seguía la escena sin una sola expresión en su rostro.
- Tú, tu poder es falso, es por eso que debes seguirme a mí, yo te haré sentir verdadero, te haré existir. - dijo la mujer.
Anne sintió ganas de irse con aquél chico, sentía que mientras más tiempo estaba con aquélla enigmática mujer su vida peligraba más. Sin embargo, recordó la promesa con los chicos que le sacarían de aquél lugar.
"2 días más", pensó.
Cerró sus ojos y decidió ponerse de pie mientras subía las escaleras de caracol, alejándose de la escena.
- Morirás si sigues aquí. - le dijo el chico a sus espaldas mientras ascendía.
Anne se detuvo y pensó, pero decidió borrar aquéllo, como si no lo hubiera escuchado. En lo profundo de su corazón deseaba marcharse de allí, no importaba con quién fuera o dónde, pero lo haría.
"Lawrence, Seth ... por favor, dense prisa."
- Chica, ¡Esta mujer no hace más que engañar a los humanos! - Gritó Mercurius, dirigiéndose a Anne.
Anne miró fijamente a Mercurius, y vio sus ojos tan oscuros como la misma torre con una expresión de ira y furia, que parecía estar siendo lentamente desatada. Luego miró a la Emperatriz, que miraba erguida como dos de sus lacayos parecían ser lentamente aniquilados por la naturaleza oculta del chico.
- Sólo dos más Dama oscura, ¿es así como sacrificas a tus lacayos?, Enviándolos a su propia muerte. - exclamó el chico mientras una de las armaduras que seguía en pie era golpeada por una fuerza invisible en su yelmo.
Una de ellas, que seguía en pie lanzó un embate con su espada a Mercurius, pero la fuerza oculta volvió a actuar como un escudo, que le protegía. Mercurius sonrió. El yelmo de la armadura explotó mientras que los guanteletes de la armadura que forcejeaba su espada contra la fuerza explotaban violentamente liberando aquél liquido sombrío.
Mercurius, tomó aire mientras veía la sombra caer frente a sus pies, mientras el fuego de la espada se apagaba lentamente, dirigió su miraba a la Emperatriz que seguía la escena sin una sola expresión en su rostro.
- Tú, tu poder es falso, es por eso que debes seguirme a mí, yo te haré sentir verdadero, te haré existir. - dijo la mujer.
Anne sintió ganas de irse con aquél chico, sentía que mientras más tiempo estaba con aquélla enigmática mujer su vida peligraba más. Sin embargo, recordó la promesa con los chicos que le sacarían de aquél lugar.
"2 días más", pensó.
Cerró sus ojos y decidió ponerse de pie mientras subía las escaleras de caracol, alejándose de la escena.
- Morirás si sigues aquí. - le dijo el chico a sus espaldas mientras ascendía.
Anne se detuvo y pensó, pero decidió borrar aquéllo, como si no lo hubiera escuchado. En lo profundo de su corazón deseaba marcharse de allí, no importaba con quién fuera o dónde, pero lo haría.
"Lawrence, Seth ... por favor, dense prisa."
sábado, 9 de julio de 2011
La Emperatriz estaba sentada en un gran trono de piedra negra que se encontraba en un puente sobre un gran abismo de aguas negras.
Anne no podía acercarse más a ella, de solo pensar en caer en aquél abismo le producía un miedo incomprensible.
Anne no sabia realmente que esperaba, sus amigos podían estar muertos ahora mismo, se quedaría encerrada para siempre en aquél lugar tan oscuro como la conciencia humana?. Pensó en Seth, su gran porte hacia parecer más pequeña a Lawrence de lo común, sin embargo recordaba como siempre estaban ambos juntos como si Seth quisiera protegerlo con ese cariño de hermano mayor, y luego pensó en Lawrence que siempre estaba quejándose y desagradeciendo todo acto que Seth hiciera por él.
Las grandes puertas se abrieron. Un sonido profundo irrumpió en el Hall mientras unos pasos se sentían en frente de la Emperatriz y detrás de Anne.
- Me has engañado Dama Negra. - Dijo la voz extrañamente familiar, Anne giró y se encontró con el mismo chico que estaba caminando por el sendero del bosque: Mercurius.
- Qué injurias levantas contra mí, hijo mío. - respondió la celestial voz de la mujer de ojos cubiertos por su capucha negra.
El chico parecía mas rudo en aquél lugar oscuro con sus jeans y polera negra, sus cadenas y mohicano negro rojizo. Incluso Anne parecía un poco incómoda con su presencia.
- He ido a aquél mundo y le he matado, sin embargo no he hecho más que adherir su sombra a mi conciencia. Más no he podido regresar a mi mundo como me prometiste. - dijo el chico.
- Para qué regresar Mercurius, si este es tu lugar, conmigo, con tu emperatriz. - objetó la mujer.
- Tu no eres emperatriz de nadie dama negra, sólo eres emperatriz de tus sombras, y de las penurias de los humanos de La Fuente. - respondió el chico. - Has hecho que el tren en donde iba en la Fuente chocara con tu oscura voluntad, me has quitado mi lugar en el mundo! - exclamó Mercurius enfadado.
La mujer pareció descolocarse, y se puso de pie frente a su trono negro.
- Por tus atrevimientos, ordeno a la guardia negra que repartan tu esencia a los muertos! - gritó la mujer.
Anne se asustó, sintió angustia en su pecho y pronto sintió mareos e intensas ganas de vomitar.
Sombras negras salieron de las paredes a ambos lados de Mercurius, que pronto se materializarían en grandes Armaduras negras con espadas de fuego negro.
- Voy a hacer que te arrepientas de haberme quitado lo que me merezco por el sólo hecho de existir. - Mercurius sonrió.
Las armaduras se acercaron a el y lo rodearon, Anne contó cuatro sombras gigantes rodeándolo, envolviéndolo con sus espadas de fuego negro que Anne no podía explicar.
- Todo lo que soy, todo lo que he hecho es por el bien de ustedes. - susurró la mujer.
Las armaduras comenzaron a acercarse a Mercurius, sin embargo una de ellas inexplicablemente pronto fue abollada en su torso, otra de ellas sufrió cuando una de sus piernas se cortó. Un liquido negro y espeso salía de sus abolladuras. Mientras Mercurius sonreía sin hacer ningún movimiento.
Anne no podía acercarse más a ella, de solo pensar en caer en aquél abismo le producía un miedo incomprensible.
Anne no sabia realmente que esperaba, sus amigos podían estar muertos ahora mismo, se quedaría encerrada para siempre en aquél lugar tan oscuro como la conciencia humana?. Pensó en Seth, su gran porte hacia parecer más pequeña a Lawrence de lo común, sin embargo recordaba como siempre estaban ambos juntos como si Seth quisiera protegerlo con ese cariño de hermano mayor, y luego pensó en Lawrence que siempre estaba quejándose y desagradeciendo todo acto que Seth hiciera por él.
Las grandes puertas se abrieron. Un sonido profundo irrumpió en el Hall mientras unos pasos se sentían en frente de la Emperatriz y detrás de Anne.
- Me has engañado Dama Negra. - Dijo la voz extrañamente familiar, Anne giró y se encontró con el mismo chico que estaba caminando por el sendero del bosque: Mercurius.
- Qué injurias levantas contra mí, hijo mío. - respondió la celestial voz de la mujer de ojos cubiertos por su capucha negra.
El chico parecía mas rudo en aquél lugar oscuro con sus jeans y polera negra, sus cadenas y mohicano negro rojizo. Incluso Anne parecía un poco incómoda con su presencia.
- He ido a aquél mundo y le he matado, sin embargo no he hecho más que adherir su sombra a mi conciencia. Más no he podido regresar a mi mundo como me prometiste. - dijo el chico.
- Para qué regresar Mercurius, si este es tu lugar, conmigo, con tu emperatriz. - objetó la mujer.
- Tu no eres emperatriz de nadie dama negra, sólo eres emperatriz de tus sombras, y de las penurias de los humanos de La Fuente. - respondió el chico. - Has hecho que el tren en donde iba en la Fuente chocara con tu oscura voluntad, me has quitado mi lugar en el mundo! - exclamó Mercurius enfadado.
La mujer pareció descolocarse, y se puso de pie frente a su trono negro.
- Por tus atrevimientos, ordeno a la guardia negra que repartan tu esencia a los muertos! - gritó la mujer.
Anne se asustó, sintió angustia en su pecho y pronto sintió mareos e intensas ganas de vomitar.
Sombras negras salieron de las paredes a ambos lados de Mercurius, que pronto se materializarían en grandes Armaduras negras con espadas de fuego negro.
- Voy a hacer que te arrepientas de haberme quitado lo que me merezco por el sólo hecho de existir. - Mercurius sonrió.
Las armaduras se acercaron a el y lo rodearon, Anne contó cuatro sombras gigantes rodeándolo, envolviéndolo con sus espadas de fuego negro que Anne no podía explicar.
- Todo lo que soy, todo lo que he hecho es por el bien de ustedes. - susurró la mujer.
Las armaduras comenzaron a acercarse a Mercurius, sin embargo una de ellas inexplicablemente pronto fue abollada en su torso, otra de ellas sufrió cuando una de sus piernas se cortó. Un liquido negro y espeso salía de sus abolladuras. Mientras Mercurius sonreía sin hacer ningún movimiento.
"Esto debe ser un sueño" - pensó Lawrence.
La nieve comenzó a tocar su cabello negro mientras las siluetas hablaban frente a el, tratando de arrastrarlo a un mundo al que supuestamente pertenecía, sin embargo ya no se sentía parte de el. Recordó a Nikhil, el único amigo verdadero que jamás tuvo y se preguntó si la muerte sólo era un paso a este extraño mundo, se preguntó si Nikhil podría estar por aquí, vagando perdido entre un mundo que era tan fantástico como real, resultaba irónico que los personajes que pertenecían a aquél mundo le llamaran la Irrealidad cuando el mismo pensaba que éste era incluso más real que el suyo.
- Debemos ir a buscar a Anne ... - dijo Seth mientras trataba de recomponerse, volviendo a su fría disposición de antes.
- Anne?, otra persona más entró con ustedes a la Irrealidad?. - preguntó Hermes.
- Se ha quedado en esta torre con una mujer rara. - articuló Lawrence.
Hermes miró a Karpov con cierta complicidad.
- Recuerdan la torre? - preguntó.
Seth y Lawrence se miraron desconcertados, mientras Lawrence se ponía de pie junto a Seth.
- Creo ... - Ahora que Lawrence trataba de recordar su visita, podía ver claramente imágenes en su cabeza acerca de aquél extraño mundo, podía ver claramente la niebla, la oscura torre y e incluso podía recordar las ruinas de la ciudad, pero había algo que realmente tenía grabado en su mente, y era el sol negro, ese sol eclipsado que parecía llamarle.
- Necesitaremos esos recuerdos para extraer la esencia de aquél mundo e ir a buscar vuestra amiga. - dijo Hermes, mientras volvía a sacar su móvil y a presionar los mismos botones. - De pronto, Hermes levantó la vista y se detuvo. Era la primera vez que se fijaba en la espada que portaba Seth en su cintura. - De dónde has sacado eso?. - interrogó.
- Se la he quitado a una armadura extraña que trató de matar a Lawrence y Anne en ese bosque nevado. - respondió Seth.
En ese momento Lawrence se sintió un poco helado, se secó las lágrimas y siguió sintiendo esa extraña sensación, pronto se daría cuenta que en ese momento Karpov lo miraba fijamente, su cabello negro y ordenado y su traje lo hacían parecer un hombre serio pero sin malas intenciones, sin embargo sentía que su mirada le recorría su mente, hurgando y buscando algo que el trataba de ocultar, era una sensación helada como su mirada.
- Lo tengo. - manifestó Karpov.
- Excelente, chicos ustedes se vienen con nosotros, nos han dado algo muy valioso y no sé si fue cosa del destino realmente pero sin ustedes no hubieramos podido ir jamás a esa Torre que alguna vez fue nuestro hogar. - Hermes se veía feliz, y tenía una mirada bastante sincera.
Seth y Lawrence cada vez estaban mas confundidos, todavía sentían esa extraña sensación de desconcierto e incertidumbre.
- La torre fue alguna vez vuestro hogar?. - interpeló Lawrence.
- Hace mucho tiempo la torre reunía a muchas personas que quisieran crecer espiritualmente, sin embargo la actual residente de esa torre, desterró a todos los humanos de la torre y la borró de sus memorias, si una persona no tiene en sus memorias un mundo, en consecuencia no podrá visitarlo. Ella tiene algo muy valioso que nos ha robado y creemos que esos objetos siguen en la torre. - explicó Karpov.
- Si ha borrado la torre de vuestras memorias por qué saben que existe y en concreto saben que vivieron allí?. - Lawrence se mostraba incrédulo a aquélla historia, aunque ya prefería creerse lo que le dijeran.
- Porque ella misma se ha presentado en Adul'hab, quizás no los vieron, sin embargo la mitad de Adul'hab se encuentra dominada por su secta, Los caballeros del Atón o el Sol Negro, son personas que en sueños son raptadas de este mundo y pasan la noche en aquélla torre, cuando finalizan su ciclo son llamadas a la irrealidad son forman las filas de la Emperatriz Sacerdotisa.
- Es la guerra a la que refirió aquélla mujer. - Infirió Lawrence.
- La monarquía de Adul'hab sabe que los humanos no podrán contra los increados, los dioses, aunque ella se hace conocer como la Suma Regente de los Increados, muchos de ellos están en contra de ella, siendo sólo una parte de ellos los que se adhieren a su causa. - prosiguió Hermes.
- Hermes, será mejor irnos ahora. - Interrumpió Karpov.
- Si, será lo mejor, descubrirán luego todo por ustedes mismos. - finalizó Hermes.
Lawrence comenzó a sentir aquél mismo cosquilleo y luego mareo, todo se volvía negro otra vez se sentía en el abismo.
La nieve comenzó a tocar su cabello negro mientras las siluetas hablaban frente a el, tratando de arrastrarlo a un mundo al que supuestamente pertenecía, sin embargo ya no se sentía parte de el. Recordó a Nikhil, el único amigo verdadero que jamás tuvo y se preguntó si la muerte sólo era un paso a este extraño mundo, se preguntó si Nikhil podría estar por aquí, vagando perdido entre un mundo que era tan fantástico como real, resultaba irónico que los personajes que pertenecían a aquél mundo le llamaran la Irrealidad cuando el mismo pensaba que éste era incluso más real que el suyo.
- Debemos ir a buscar a Anne ... - dijo Seth mientras trataba de recomponerse, volviendo a su fría disposición de antes.
- Anne?, otra persona más entró con ustedes a la Irrealidad?. - preguntó Hermes.
- Se ha quedado en esta torre con una mujer rara. - articuló Lawrence.
Hermes miró a Karpov con cierta complicidad.
- Recuerdan la torre? - preguntó.
Seth y Lawrence se miraron desconcertados, mientras Lawrence se ponía de pie junto a Seth.
- Creo ... - Ahora que Lawrence trataba de recordar su visita, podía ver claramente imágenes en su cabeza acerca de aquél extraño mundo, podía ver claramente la niebla, la oscura torre y e incluso podía recordar las ruinas de la ciudad, pero había algo que realmente tenía grabado en su mente, y era el sol negro, ese sol eclipsado que parecía llamarle.
- Necesitaremos esos recuerdos para extraer la esencia de aquél mundo e ir a buscar vuestra amiga. - dijo Hermes, mientras volvía a sacar su móvil y a presionar los mismos botones. - De pronto, Hermes levantó la vista y se detuvo. Era la primera vez que se fijaba en la espada que portaba Seth en su cintura. - De dónde has sacado eso?. - interrogó.
- Se la he quitado a una armadura extraña que trató de matar a Lawrence y Anne en ese bosque nevado. - respondió Seth.
En ese momento Lawrence se sintió un poco helado, se secó las lágrimas y siguió sintiendo esa extraña sensación, pronto se daría cuenta que en ese momento Karpov lo miraba fijamente, su cabello negro y ordenado y su traje lo hacían parecer un hombre serio pero sin malas intenciones, sin embargo sentía que su mirada le recorría su mente, hurgando y buscando algo que el trataba de ocultar, era una sensación helada como su mirada.
- Lo tengo. - manifestó Karpov.
- Excelente, chicos ustedes se vienen con nosotros, nos han dado algo muy valioso y no sé si fue cosa del destino realmente pero sin ustedes no hubieramos podido ir jamás a esa Torre que alguna vez fue nuestro hogar. - Hermes se veía feliz, y tenía una mirada bastante sincera.
Seth y Lawrence cada vez estaban mas confundidos, todavía sentían esa extraña sensación de desconcierto e incertidumbre.
- La torre fue alguna vez vuestro hogar?. - interpeló Lawrence.
- Hace mucho tiempo la torre reunía a muchas personas que quisieran crecer espiritualmente, sin embargo la actual residente de esa torre, desterró a todos los humanos de la torre y la borró de sus memorias, si una persona no tiene en sus memorias un mundo, en consecuencia no podrá visitarlo. Ella tiene algo muy valioso que nos ha robado y creemos que esos objetos siguen en la torre. - explicó Karpov.
- Si ha borrado la torre de vuestras memorias por qué saben que existe y en concreto saben que vivieron allí?. - Lawrence se mostraba incrédulo a aquélla historia, aunque ya prefería creerse lo que le dijeran.
- Porque ella misma se ha presentado en Adul'hab, quizás no los vieron, sin embargo la mitad de Adul'hab se encuentra dominada por su secta, Los caballeros del Atón o el Sol Negro, son personas que en sueños son raptadas de este mundo y pasan la noche en aquélla torre, cuando finalizan su ciclo son llamadas a la irrealidad son forman las filas de la Emperatriz Sacerdotisa.
- Es la guerra a la que refirió aquélla mujer. - Infirió Lawrence.
- La monarquía de Adul'hab sabe que los humanos no podrán contra los increados, los dioses, aunque ella se hace conocer como la Suma Regente de los Increados, muchos de ellos están en contra de ella, siendo sólo una parte de ellos los que se adhieren a su causa. - prosiguió Hermes.
- Hermes, será mejor irnos ahora. - Interrumpió Karpov.
- Si, será lo mejor, descubrirán luego todo por ustedes mismos. - finalizó Hermes.
Lawrence comenzó a sentir aquél mismo cosquilleo y luego mareo, todo se volvía negro otra vez se sentía en el abismo.
Sin volver atrás.
Pronto, al cansarse decidieron descansar en una de las tabernas que se encontraban por el sector, al parecer el posadero hablaba un pobre inglés pero lo suficientemente bueno como para pedirle dos bebidas que suponieron que sería jugo de manzana, por las imágenes en el menú.
- Cambio. - dijo el posadero, que era un tipo medio calvo con ropas holgadas y blancas.
- Seth, quiere cambio ... - dijo Lawrence angustiado.
Seth sacó de sus bolsillos un billete de 10 dólares y se dispuso a pagarle al posadero, éste, indignado no recibió el dinero.
- Esto no. - dijo con unos brutos gestos.
Lawrence pensó mientras trataba de pensar en cómo pagarle, de pronto se le vino a la cabeza algo: sacó de su bolso dos cuadernos, uno de física y otro de matemáticas, se dispuso a entregarle ambos al posadero.
- Libro raro, cuaderno. - dijo Lawrence tratando de explicarle.
- Gracias. - dijo este sonriendo.
Mientras bebían el jugo sentados en una mesa al lado de la puerta, permanecieron callados. Seth podía ver en los ojos de Lawrence la curiosidad que el lugar le provocaba, podía observar sus ojos sobre todo y de cierto forma, le molestaba.
- Saldremos de aquí lo antes posible. - dijo Seth mientras bebía.
- Eso creo ... - dijo Lawrence mientras miraba por la puerta abierta la gente que pasaba.
- No te veo tan entusiasmado en volver. - dijo fríamente.
- Esta es una oportunidad única, sólo imagínate las clases de artefactos, libros e información que puede haber aquí?. - Los ojos de Lawrence brillaban ante la sola idea de descubrir todo lo que aquél extraño mundo le ofrecía.
- No, no Lawrence, debemos volver. - Seth puso la copa en la mesa y sacó su móvil, éste no tenía señal pero de cierta forma le gustaba mirar la pantalla, le hacia sentir como si volviera a estar en su mundo, le recordaba su hogar, le recordaba que en dónde sea que estuviera, sabia que había un mundo que le esperaba
- Guarda ya el móvil, aquí no sirve. - Lawrence se sentía frustrado.
De pronto Lawrence se fijó de inmediato en un chico que entró a la taberna y pasó por detras de Seth, que daba la espalda a la entrada. El chico tenía el pelo negro y vestía un chaleco rojo con jeans y una mochila, muy parecidas a las que se usaba en la "actualidad". El chico sacó un móvil y se sentó en una de las mesas mientras un hombre de unos 1.80 pelo negro, lentes y traje hablaba con el tabernero, luego de esto se acercó al chico y se sentó con una copa de jugo.
- Descubriste la localización?. - dijo el hombre, mientras el chico seguía con su móvil.
- Al parecer están en la Babel, esa mujer no sabe lo que hace!. - exclamó el chico mientras seguía presionando los botones de su móvil.
Lawrence puso su brazo sobre la mesa y comenzó a tocar la frente de Seth con su dedo mientras este seguía concentrado en un videojuego de su móvil.
- Seth ... Seth ... - susurraba.
- Que quieres? - dijo el chico sin quitar un ojo de su móvil.
- Creo que ellos ... pueden saber de donde venimos, mira sus ropas y el chico porta un móvil. - dijo mientras miraba fijamente al chico con el hombre.
Seth miró fijamente al chico mientras guardaba su móvil.
- Probablemente tendremos que ir nosotros por nuestra cuenta ... - dijo el chico.
Seth se paró y se acercó al chico mientras conversaba con el hombre, éste impresionado miró al chico que se encontraba a su lado con una expresión seria. Lawrence se puso de pie rápido y alcanzó a Seth.
- Disculpa ... tu conoces nuestro mundo?. - dijo Seth sin cambiar su expresión.
El chico calló un momento mientras Seth y Lawrence estaban parados esperando una respuesta.
- Yo ... conozco muchos mundos. - Dijo el chico.
- Mi nombre es Seth y el es Lawrence, aparecimos en ese bosque extraño, caminamos hasta una torre negra y paramos aquí, una mujer nos dijo que podríamos encontrar información aquí. - El chico parecía estar apunto de perder la paciencia con todo lo que ocurría.
- La torre negra. - dijo el hombre.
- Buscheilm, la puerta de los hombres. - dijo el chico.
- Hermes, estos chicos pueden ser uno de los Olvidados. - dijo el hombre.
- No parecen serlo, sin embargo obviamente están perdidos y visitaron a la sacerdotisa. - el chico se puso de pie. - Mi nombre es Alex, Hermes para amigos y el es Vladislav Karpov, creo que es cosa del destino, pero ustedes nos puede ayudar y nosotros los ayudaremos a ustedes.
- Sólo queremos regresar ... - dijo Seth.
Justo en ese momento, comenzó a oscurecer, sin embargo el sol seguía en su mismo lugar, en lo más alto del cielo, sólo que comenzó a cambiar de lugar hasta quedar completamente negro con bordes rojos, como una especie de eclipse, parecido al que los chicos habían presenciado en la Babel.
Los chicos habían salido a la calle junto con Hermes y Karpov. Lawrence no podía quitar los ojos del asombroso astro negro que se alzaba por todo Adul'hab. La gente parecía acostumbrada a aquél extraño fenómeno, pero para el era algo tan nuevo, tan asombroso que le provocaba una extraña sensación cada vez que lo veía.
- Ustedes pertenecen a los que nosotros llamamos "La Fuente", todos los demás mundos giran en torno a ella, sin embargo hay una serie de mundos que se encuentran debajo de la fuente como una espiral a un abismo negro, es a lo que llaman "El Olvido", y está habitada por seres que se llaman a sí mismo los Increados, probablemente ya los habrán conocido, ya que Buscheilm, el bosque y Babel, la torre son entradas al Olvido. - explicó Hermes, mientras caminaban por las bulliciosas calles de Adul'hab.
- ¿Por qué "La Fuente"?. - preguntó Lawrence, mientras observaba que en cada edificio habían aves doradas con armaduras doradas en su cabeza.
- Por que desde allí proceden todos los demás mundos, desde su mundo, los mismos increados fueron creados a partir de pensamientos que comenzaron a fluir por el olvido, son lo que en su mundo llaman "Dioses". - Al recibir tal información Lawrence recordó pronto su extraño encuentro con la criatura etérea llamada Titania y recordó que en alguna parte de sus libros había escuchado alguna vez aquél nombre.
- Y como planeamos volver?. - dijo Seth.
- Hay algo que deben saber antes de volver "completamente". - sugirió Hermes.
- Y no creo que les vaya a gustar demasiado. - agregó Karpov.
- El qué? - preguntó Lawrence nervioso.
Hermes sacó su móvil y presionó un boton, pronto todo les dio vueltas, se sintieron mareados y sintieron una sensación como su estuvieran fuera de su cuerpo, volando inertes en el espacio negro. Finalmente Lawrence abrió los ojos y se encontró frente a su hogar. Reconoció la puerta marrón claro y la fachada roja, miró hacia atrás, Seth, Hermes y Karpov estaban con el.
- Ya ... hemos vuelto?, así de fácil?. - dijo Seth sombrado.
Lawrence sin palabras, subió los escalones del pórtico de su hogar, justo antes de abrir la puerta, la manilla giró y se encontró cara a cara con "él". Atravesó el cuerpo de Lawrence y bajó las escalerillas dobló para ir por la vereda y se detuvo. Seth estaba helado, sintió ganas de desmayarse.
- Que sensación más rara. - susurró el chico mientras seguía caminando por la vereda alejándose de la casa.
Lawrence sin pronunciar ninguna palabra se agachó y trato de sentarse en la escalerilla con la mirada perdida.
- Ese era yo. - dijo con una voz a punto de quebrarse.
Un silencio se apoderó de la calle, Seth no quería creer lo que había visto.
- Cada vez que un cuerpo físico sale de la realidad para viajar hacia la irrealidad el universo se "acomoda" creando una copia de ti mismo. Todos somos como datos en este mundo, y si algo se pierde se debe recuperar. Sólo tuve que buscar tu esencia en este mundo para aparecer aquí. Sé que es chocante pero ... - dijo Hermes.
No podremos regresar. - concluyó Seth tristemente. - Por qué?, ¡¡¿Por qué nosotros?!!. - Seth se acercó a Lawrence y lo tomó fuertemente de su camisa. - Tu maldito, si no hubieras entrado en esa puerta nada de esto estaría pasando... - Seth había perdido la calma.
- No es hora de ponerse a pelear, y no es culpa de tu amigo tampoco, fueron llamados por una razón y no cualquier humano entra mediante el olvido a la irrealidad, algo los sacó de su mundo y me temo que sabemos quién fue. - dijo Hermes mientras se acercaba y trataba de calmar a Seth.
- Quién se atrevería a hacer esto?.- susurraba Lawrence mientras algunas lágrimas atravesaban sus mejillas.
- Es por eso, que deben ayudarnos. - dijo Karpov.
- Guarda ya el móvil, aquí no sirve. - Lawrence se sentía frustrado.
De pronto Lawrence se fijó de inmediato en un chico que entró a la taberna y pasó por detras de Seth, que daba la espalda a la entrada. El chico tenía el pelo negro y vestía un chaleco rojo con jeans y una mochila, muy parecidas a las que se usaba en la "actualidad". El chico sacó un móvil y se sentó en una de las mesas mientras un hombre de unos 1.80 pelo negro, lentes y traje hablaba con el tabernero, luego de esto se acercó al chico y se sentó con una copa de jugo.
- Descubriste la localización?. - dijo el hombre, mientras el chico seguía con su móvil.
- Al parecer están en la Babel, esa mujer no sabe lo que hace!. - exclamó el chico mientras seguía presionando los botones de su móvil.
Lawrence puso su brazo sobre la mesa y comenzó a tocar la frente de Seth con su dedo mientras este seguía concentrado en un videojuego de su móvil.
- Seth ... Seth ... - susurraba.
- Que quieres? - dijo el chico sin quitar un ojo de su móvil.
- Creo que ellos ... pueden saber de donde venimos, mira sus ropas y el chico porta un móvil. - dijo mientras miraba fijamente al chico con el hombre.
Seth miró fijamente al chico mientras guardaba su móvil.
- Probablemente tendremos que ir nosotros por nuestra cuenta ... - dijo el chico.
Seth se paró y se acercó al chico mientras conversaba con el hombre, éste impresionado miró al chico que se encontraba a su lado con una expresión seria. Lawrence se puso de pie rápido y alcanzó a Seth.
- Disculpa ... tu conoces nuestro mundo?. - dijo Seth sin cambiar su expresión.
El chico calló un momento mientras Seth y Lawrence estaban parados esperando una respuesta.
- Yo ... conozco muchos mundos. - Dijo el chico.
- Mi nombre es Seth y el es Lawrence, aparecimos en ese bosque extraño, caminamos hasta una torre negra y paramos aquí, una mujer nos dijo que podríamos encontrar información aquí. - El chico parecía estar apunto de perder la paciencia con todo lo que ocurría.
- La torre negra. - dijo el hombre.
- Buscheilm, la puerta de los hombres. - dijo el chico.
- Hermes, estos chicos pueden ser uno de los Olvidados. - dijo el hombre.
- No parecen serlo, sin embargo obviamente están perdidos y visitaron a la sacerdotisa. - el chico se puso de pie. - Mi nombre es Alex, Hermes para amigos y el es Vladislav Karpov, creo que es cosa del destino, pero ustedes nos puede ayudar y nosotros los ayudaremos a ustedes.
- Sólo queremos regresar ... - dijo Seth.
Justo en ese momento, comenzó a oscurecer, sin embargo el sol seguía en su mismo lugar, en lo más alto del cielo, sólo que comenzó a cambiar de lugar hasta quedar completamente negro con bordes rojos, como una especie de eclipse, parecido al que los chicos habían presenciado en la Babel.
Los chicos habían salido a la calle junto con Hermes y Karpov. Lawrence no podía quitar los ojos del asombroso astro negro que se alzaba por todo Adul'hab. La gente parecía acostumbrada a aquél extraño fenómeno, pero para el era algo tan nuevo, tan asombroso que le provocaba una extraña sensación cada vez que lo veía.
- Ustedes pertenecen a los que nosotros llamamos "La Fuente", todos los demás mundos giran en torno a ella, sin embargo hay una serie de mundos que se encuentran debajo de la fuente como una espiral a un abismo negro, es a lo que llaman "El Olvido", y está habitada por seres que se llaman a sí mismo los Increados, probablemente ya los habrán conocido, ya que Buscheilm, el bosque y Babel, la torre son entradas al Olvido. - explicó Hermes, mientras caminaban por las bulliciosas calles de Adul'hab.
- ¿Por qué "La Fuente"?. - preguntó Lawrence, mientras observaba que en cada edificio habían aves doradas con armaduras doradas en su cabeza.
- Por que desde allí proceden todos los demás mundos, desde su mundo, los mismos increados fueron creados a partir de pensamientos que comenzaron a fluir por el olvido, son lo que en su mundo llaman "Dioses". - Al recibir tal información Lawrence recordó pronto su extraño encuentro con la criatura etérea llamada Titania y recordó que en alguna parte de sus libros había escuchado alguna vez aquél nombre.
- Y como planeamos volver?. - dijo Seth.
- Hay algo que deben saber antes de volver "completamente". - sugirió Hermes.
- Y no creo que les vaya a gustar demasiado. - agregó Karpov.
- El qué? - preguntó Lawrence nervioso.
Hermes sacó su móvil y presionó un boton, pronto todo les dio vueltas, se sintieron mareados y sintieron una sensación como su estuvieran fuera de su cuerpo, volando inertes en el espacio negro. Finalmente Lawrence abrió los ojos y se encontró frente a su hogar. Reconoció la puerta marrón claro y la fachada roja, miró hacia atrás, Seth, Hermes y Karpov estaban con el.
- Ya ... hemos vuelto?, así de fácil?. - dijo Seth sombrado.
Lawrence sin palabras, subió los escalones del pórtico de su hogar, justo antes de abrir la puerta, la manilla giró y se encontró cara a cara con "él". Atravesó el cuerpo de Lawrence y bajó las escalerillas dobló para ir por la vereda y se detuvo. Seth estaba helado, sintió ganas de desmayarse.
- Que sensación más rara. - susurró el chico mientras seguía caminando por la vereda alejándose de la casa.
Lawrence sin pronunciar ninguna palabra se agachó y trato de sentarse en la escalerilla con la mirada perdida.
- Ese era yo. - dijo con una voz a punto de quebrarse.
Un silencio se apoderó de la calle, Seth no quería creer lo que había visto.
- Cada vez que un cuerpo físico sale de la realidad para viajar hacia la irrealidad el universo se "acomoda" creando una copia de ti mismo. Todos somos como datos en este mundo, y si algo se pierde se debe recuperar. Sólo tuve que buscar tu esencia en este mundo para aparecer aquí. Sé que es chocante pero ... - dijo Hermes.
No podremos regresar. - concluyó Seth tristemente. - Por qué?, ¡¡¿Por qué nosotros?!!. - Seth se acercó a Lawrence y lo tomó fuertemente de su camisa. - Tu maldito, si no hubieras entrado en esa puerta nada de esto estaría pasando... - Seth había perdido la calma.
- No es hora de ponerse a pelear, y no es culpa de tu amigo tampoco, fueron llamados por una razón y no cualquier humano entra mediante el olvido a la irrealidad, algo los sacó de su mundo y me temo que sabemos quién fue. - dijo Hermes mientras se acercaba y trataba de calmar a Seth.
- Quién se atrevería a hacer esto?.- susurraba Lawrence mientras algunas lágrimas atravesaban sus mejillas.
- Es por eso, que deben ayudarnos. - dijo Karpov.
sábado, 2 de julio de 2011
Lawrence se abrió los ojos y de inmediato se dio cuenta que sólo había sido un sueño ... pero no, era real, eran recuerdos, memorias que había tratado de olvidar durante tanto tiempo. El chico se llamaba Nikhil y fue quizás el único amigo que tuvo jamás.
Estaba en un gran desierto, a metros de el se encontraba Seth, de espalda. Lawrence trató de desprenderse de la arena en su ropa, hasta que pensó que sería mejor encontrar algo para cubrirse los ojos, ya que la arena traída por el viento le molestaba.
Seth se puso de pie y se giró a Lawrence.
- Dónde estamos? - dijo calmadamente mientras se refregaba los ojos. Lawrence pensó un poco, debían estar en el desierto de la ciudad a la que debían ir: Adul'hab.
- Ni idea, se supone que Adul'hab debe estar por aquí. - respondió.
Finalmente los chicos decidieron caminar por aquél lugar tan solitario, se dieron cuenta el nombre de las Arenas de Oro estaba bien recibido, el desierto se parecía bastante a las imágenes que había visto Lawrence del gran Sahara, sólo que las arenas tenían un tono más amarillo.
Vieron algo a lo lejos, murallas gigantes que parecían fusionarse con la arena protegidas por grandes estatuas que parecían resguardar la entrada. De inmediato Lawrence tomó a Seth de la camisa
- Seth!, mira ... son ... estatuas egipcias. - exclamó.
Seth miró con asombro y desconcierto ... ¿Los antiguos egipcios conocían Adul'hab?, era cierto, las estatuas eran exactamente como los antiguos faraones, sentados en sus tronos protegiendo las murallas.
- Esto es imposible, es cómo .. cómo un sueño, Seth. - dijo Lawrence, mientras se adelantaba para mirarlas más de cerca. Finalmente cuando llegaron a las afueras de la ciudad, se dieron cuenta que muchas personas salían y entraban por las grandes puertas de las murallas. Eran personas vestidas como árabes, pero dentro de todas ellas también habían personas de todo tipo vestidas, incluso habían ropas que reconocían como contemporáneas.
- Increíble, es como una mezcla de edades, culturas, sociedades. - dijo Lawrence asombrado.
- Recuerda lo que debemos buscar. - dijo Seth, mientras tomaba a Lawrence del brazo para pasar por entre la multitud.
Las murallas eran de piedra y estaban "custodiadas" por aquéllos faraones sentados en su trono, imponentes ante los viajeros.
Las calles eran estrechas y habian edificios de dos pisos por todas partes, telas que iban de casa en casa para tapar el sol abrasador sobre la multitud, Lawrence estaba fascinado, parecía estar en una ciudad árabe antigua.
Caminaron por una hora, sin poder encontrar más que mercados llenos de gente y alguno que otro edificio gigante, parecían mansiones adornadas de oro.
Estaba en un gran desierto, a metros de el se encontraba Seth, de espalda. Lawrence trató de desprenderse de la arena en su ropa, hasta que pensó que sería mejor encontrar algo para cubrirse los ojos, ya que la arena traída por el viento le molestaba.
Seth se puso de pie y se giró a Lawrence.
- Dónde estamos? - dijo calmadamente mientras se refregaba los ojos. Lawrence pensó un poco, debían estar en el desierto de la ciudad a la que debían ir: Adul'hab.
- Ni idea, se supone que Adul'hab debe estar por aquí. - respondió.
Finalmente los chicos decidieron caminar por aquél lugar tan solitario, se dieron cuenta el nombre de las Arenas de Oro estaba bien recibido, el desierto se parecía bastante a las imágenes que había visto Lawrence del gran Sahara, sólo que las arenas tenían un tono más amarillo.
Vieron algo a lo lejos, murallas gigantes que parecían fusionarse con la arena protegidas por grandes estatuas que parecían resguardar la entrada. De inmediato Lawrence tomó a Seth de la camisa
- Seth!, mira ... son ... estatuas egipcias. - exclamó.
Seth miró con asombro y desconcierto ... ¿Los antiguos egipcios conocían Adul'hab?, era cierto, las estatuas eran exactamente como los antiguos faraones, sentados en sus tronos protegiendo las murallas.
- Esto es imposible, es cómo .. cómo un sueño, Seth. - dijo Lawrence, mientras se adelantaba para mirarlas más de cerca. Finalmente cuando llegaron a las afueras de la ciudad, se dieron cuenta que muchas personas salían y entraban por las grandes puertas de las murallas. Eran personas vestidas como árabes, pero dentro de todas ellas también habían personas de todo tipo vestidas, incluso habían ropas que reconocían como contemporáneas.
- Increíble, es como una mezcla de edades, culturas, sociedades. - dijo Lawrence asombrado.
- Recuerda lo que debemos buscar. - dijo Seth, mientras tomaba a Lawrence del brazo para pasar por entre la multitud.
Las murallas eran de piedra y estaban "custodiadas" por aquéllos faraones sentados en su trono, imponentes ante los viajeros.
Las calles eran estrechas y habian edificios de dos pisos por todas partes, telas que iban de casa en casa para tapar el sol abrasador sobre la multitud, Lawrence estaba fascinado, parecía estar en una ciudad árabe antigua.
Caminaron por una hora, sin poder encontrar más que mercados llenos de gente y alguno que otro edificio gigante, parecían mansiones adornadas de oro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

