Saqué el frasco con la droga que alimentaba mis fantasías y mis peores pesadillas. Las tomé. Sus palabras volvían a recorrer mi mente, esta vez si las recordaba. Anata ga Suki desu
"Mierda japonesa" pensé. Le odiaba, le odiaba tanto que podría olvidarlo ahí mismo. "No puedes" me dijo, me abrazó fuertemente mientras besaba mi frente. "Putos recuerdos" volví a pensar mientras me movía violentamente para tratar de olvidar la evocación de sus palabras.
Las pastillas surtían efecto. El Palacio Austral estaba cerca o era el Palacio Austero?