Furioso entraba el caballo por las grandes y arenosas piedras de Abul'hab, era blanco como el alba y al mismo tiempo poseía unos ojos negros como la fría noche de adul'hab. Sobre él montaba un misterioso personaje que tapados tenía su cuerpo y rostro.
El caballo recorrió toda la ciudad mientras las pequeñas partículas de arena chocaban contra él en la que era una noche agitada por el tiempo, mientras los mercaderes todavía vendían a los viajeros.
El palacio de Adul'hab, una de las pocas áreas verdes de la ciudad en ese minuto estaba abierto al público mientras el cánciller entablaba una amena conversación con el regente de Adul'hab, el Archiduque de Ademaín.
El hombre bajó de su caballo enfrente de las puertas del palacio, eran grandes y de roca sólida, el palacio estaba hecho con una fina capa de oro sobre toda la construcción y relucía entre toda la ciudad por ser el más ostentoso edificio del penoso lugar.
Como una sombra el hombre vagó por la entrada hasta dar con una puerta que dejara entrarle al espléndido lugar. Llegando al hall principal vió una gran escalera con escalones de mármol y pasamanos de plata subió por ellas deprisa mientras los guardias parecían no verle, no escucharle, no sentirle.
El ser entró mientras el Cánciller se despedía, éste tampoco parecía verle ni escucharle, por lo que el Archiduque recostóse en su fino sillón a la luz de los mágnificos candelabros. Cuando esté se alejó del archiduque bajando las escaleras, el ser se hizo ver frente al Archiduque. Éste exaltado por la presencia del ser se para rápidamente y mira con gran sorpresa al ser.
- Quién eres?!, cómo lograste entrar!.
El ser estaba parado inmóvil, mientras el archiduque parecía hablar pero nadie escucharle. De pronto, su capa negra calló al suelo dejando ver el cuerpo de una mujer, era una mujer desnuda y blanca, con el pelo largo que llegaba hasta su cintura.
- Soy uno de los increados.
Su voz parecía retumbar en cada esquina de la habitación mientras el archiduque parecía buscarle una explicación a todo esto, el cuerpo de áquella mujer no le parecía bello ni horrible, simplemente lo vió como era, un cuerpo, era algo de otro mundo, de otro nivel, de otra dimensión, como sacado de uno de los mundos que nadie se atrevía a visitar.
- Increados?, tú .. qué eres?, que vienes a buscar de mí?. - dijo el archiduque, mientras la mujer se acercó un pasó adelante.
-Yo soy lo que los humanos han olvidado, soy lo que ustedes enterraron, pero yo no soy, nosotros somos.
- Ustedes quién?, por qué vienes a decirme todo esto?, increados?...
- Tu eres el líder de los existentes, de los humanos y nosotros estamos reclamando lo que nos corresponde por ley: su consciencia. Han olvidado todo lo que les hemos enseñado, han olvidado lo que somos: Dioses, se han olvidado hasta de ustedes mismos cayendo en el egoísmo, y pronto, frente a todos esta ciudad Adul'hab caerá, porque así lo queremos.
-Mira realmente no sé como entraste o qué eres, simplemente sé que nadie puede destruir a la gloriosa Adul'hab que se alza por las arenas del mundo. Adul'hab es el hombligo y la joya de todos los mundos creados por Elohim y su destrucción es casi imposible.
- Típico espíritu terco y humano, pensé que por ser el líder tendría una mejor conversación, pero demostraste que Adán merecía ser llevado fuera del edén, y por ello, este mañana no verán el alba ni verán sol.
- A que te refieres?, esto ya me agotando, llamaré los guardias.
- Queremos que Uriel te lleve con nosotros. - Ésta frase retumbó por toda la habitación otra vez y la bella mujer comenzó a levantarse del suel0, mientras el Archiduque parecía estar siendo sedado por una fuerza invisible.
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