sábado, 9 de julio de 2011

La Emperatriz estaba sentada en un gran trono de piedra negra que se encontraba en un puente sobre un gran abismo de aguas negras.

Anne no podía acercarse más a ella, de solo pensar en caer en aquél abismo le producía un miedo incomprensible.

Anne no sabia realmente que esperaba, sus amigos podían estar muertos ahora mismo, se quedaría encerrada para siempre en aquél lugar tan oscuro como la conciencia humana?. Pensó en Seth, su gran porte hacia parecer más pequeña a Lawrence de lo común, sin embargo recordaba como siempre estaban ambos juntos como si Seth quisiera protegerlo con ese cariño de hermano mayor, y luego pensó en Lawrence que siempre estaba quejándose y desagradeciendo todo acto que Seth hiciera por él.

Las grandes puertas se abrieron. Un sonido profundo irrumpió en el Hall mientras unos pasos se sentían en frente de la Emperatriz y detrás de Anne.

- Me has engañado Dama Negra. - Dijo la voz extrañamente familiar, Anne giró y se encontró con  el mismo chico que estaba caminando por el sendero del bosque: Mercurius.
- Qué injurias levantas contra mí, hijo mío. - respondió la celestial voz de la mujer de ojos cubiertos por su capucha negra.

El chico parecía mas rudo en aquél lugar oscuro con sus jeans y polera negra, sus cadenas y mohicano negro rojizo. Incluso Anne parecía un poco incómoda con su presencia.

- He ido a aquél mundo y le he matado, sin embargo no he hecho más que adherir su sombra a mi conciencia.   Más no he podido regresar a mi mundo como me prometiste. - dijo el chico.
- Para qué regresar Mercurius, si este es tu lugar, conmigo, con tu emperatriz. - objetó la mujer.
- Tu no eres emperatriz de nadie dama negra, sólo eres emperatriz de tus sombras, y de las penurias de los humanos de La Fuente. - respondió el chico. - Has hecho que el tren en donde iba en la Fuente chocara con tu oscura voluntad, me has quitado mi lugar en el mundo! - exclamó Mercurius enfadado.

La mujer pareció descolocarse, y se puso de pie frente a su trono negro.

- Por tus atrevimientos, ordeno a la guardia negra que repartan tu esencia a los muertos! - gritó la mujer.

Anne se asustó, sintió angustia en su pecho y pronto sintió mareos e intensas ganas de vomitar.

Sombras negras salieron de las paredes a ambos lados de Mercurius, que pronto se materializarían en grandes Armaduras negras con espadas de fuego negro.

- Voy a hacer que te arrepientas de haberme quitado lo que me merezco por el sólo hecho de existir. - Mercurius sonrió.

Las armaduras se acercaron a el y lo rodearon, Anne contó cuatro sombras gigantes rodeándolo, envolviéndolo con sus espadas de fuego negro que Anne no podía explicar.

- Todo lo que soy, todo lo que he hecho es por el bien de ustedes. - susurró la mujer.

Las armaduras comenzaron a acercarse a Mercurius, sin embargo una de ellas inexplicablemente pronto fue abollada en su torso, otra de ellas sufrió cuando una de sus piernas se cortó. Un liquido negro y espeso salía de sus abolladuras. Mientras Mercurius sonreía sin hacer ningún movimiento.

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