miércoles, 27 de julio de 2011

- Que has hecho con sus amigos?! - preguntó Mercurius enfadado.

La Emperatriz permaneció callada, en su lugar.

- Ella, ella venía con dos chicos más, dónde los has metido?, los has encerrado en esas armaduras como a todos los humanos que llegan aquí?
- Eso no es de incumbencia. - respondió la mujer. - los he enviado a Adul'hab, sólo para que tomen conciencia de que el mundo que les rodeaba antes ya no existe, nunca existió, sólo fue una ilusión. - ¡MIENTES! - gritó Mercurius. -Yo tenía una existencia en aquél entonces... no importaba de qué forma fuera, pero ellos y yo ... yo tenía una existencia en aquél lugar, la tierra. - Mercurius bajó la cabeza, unas lágrimas cayeron.

La mujer se quitó la capucha, y dejó al descubierto una cabellera rubia, casi blanca, y ojos cegados por una cinta negra.

- Yo te dí una existencia, yo te dí la sombra. - Dijo la mujer levantando ambos brazos, en ese momento, una sombra apareció detrás de Mercurius.
- Me la diste sólo para cumplir tus deseos y apresarla en mi cuerpo, no era más que un cascarón vacío que debía ser llenado con odio, venganza y toda clase de sentimientos sucios que encarcelaste en mi alma.
- No lo veas de esa forma hijo mío, yo te he dado la sombra para que la uses a tu favor, es un don, un regalo.  - La sombra detrás de Mercurius comenzó a incrementar su tamaño, mientras el aura de Mercurius parecía hacerse mas densa, tomando un color negro.
-Un don?, este don pertenecía al chico, Hermes ... aquélla persona que me has hecho asesinar y encarcelar su sombra dentro de mí, lo veo todos los días en mi mente y esta sombra no es más que un recordatorio más de lo que he hecho, está mal ... está mal... - dijo Mercurius con cierto esfuerzo, las lágrimas y el dolor trataban de ahogar su voz.

La mujer observaba con detenimiento y tranquilidad como la sombra de Mercurius comenzaba a tomar la forma de un chico, comenzaba a tomar la forma de Hermes, aquél chico que ella conocía bien.

- Sin embargo ... lo tengo todo controlado, yo ... - Mercurius se llevó las manos a su rostro para secar sus lágrimas. - yo lo he superado. - La sombra comenzó a desaparecer y pronto a ser absorbida por el cuerpo del chico. - Tú, sé tu secreto emperatriz, sé que no eres una increada y que clamas ser la Emperatriz de los Dioses, de los increados, sin embargo, quién diría que la gran emperatriz es una simple humana, como yo. - dijo el chico con esa sonrisa malévola y ojos llenos de resentimiento que son capaces de atemorizar a cualquiera.

La emperatriz apareció de pronto enfrente de Mercurius, tan cerca que podía ver hasta los detalles más finos de su rostro, su respiración, sus labios, hasta creyó distinguir los ojos humanos que se encontraban debajo de esa impía venda.

- Esto es algo que arreglaremos pronto, algo que pagarás pronto. - dijo la mujer con la misma tranquilidad de siempre.

Mercurius salió disparado hacía atrás, vió a la mujer desde lejos observándolo, luego vio las puertas abiertas, finalmente una luz lo abrazó.

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