
Sophia era simplemente arte; la forma en la que se movía con su siempre tan cotidiano vestido rojo carmesí de fiesta, refinado y elegante. La forma en que gustaba de atraer las miradas, oídos y ojos de los demás cuando deleitaba con su belleza, elegancia y música con su bien amado violín.
A ella la conocí áquella noche, mientras el ocaso terminaba con la luz y la oscuridad se cernía por toda la ciudad, un mundo bastante pintoresco lleno de cosas inimaginables y personajes tan curiosos como interesantes. Ésta estaba cubierta por edificios y casas hechas de un cemento blanco, pero a la vez una capa de verde parecía mezclarse y formar parte de un paisaje urbano y con la magia del bosque.
Sophia tenía un secreto, estaba enamorada del Príncipe Ceres; el próximo gobernador de la región y sabía que éste también de ella, pero había un pequeñisimo detalle: éste debía casarse con la hija del gobernador de una región en guerra para finalizar áquel acontecimiento y cerrar por fin un evento trágico. El Príncipe Ceres amaba tanto a Sophia como amaba a su país y sabía que el destino de miles de personas dependía de la boda que acabaría con la guerra.
- Escucha, Karpov, necesito tu ayuda. - Le dije a mi compañero de viajes, Vladislav Karpov un tipo algo frío, alto que vestía traje y siempre leía ese libro suyo "De Magia", decía.
- Para qué, exactamente. -dijo en seco.
- La sacerdotisa, dijo que para recuperar su esencia, debo obtener su corazón, pero realmente no quiero matarla, hay alguna otra forma de obtenerla?. - pregunté.
- Posiblemente, creo. - Karpov abrió su libro y comenzó a hojearlo mientras miraba de reojo a Sophia que tenía una de sus citas secretas frecuentes con el príncipe en el cementerio de la ciudad. - ¡Oh!, aquí ... dice que para obtener la esencia de una dama debes matarla o que ella te la dé conscientemente, no morirá pues sólo te dará una parte de su corazón, de su ser.
- Excelente, esperemos hasta mañana, la boda del príncipe Ceres será mañana y tiene una presentación en el acto, de seguro podremos preguntarle allí.
De pronto, la voz de Sophia de olló a lo lejos.
- Adiós amado mío, que la luz alumbre tu camino siempre. - Dijo la hermosa mujer.
- Adiós querida, siempre me alumbrará la luz por que tu eres mi luz, aunque tenga que casarme con la mujer que no amo.
El príncipe se despidió y se perdió entre las tumbas del cementerio y la neblina, seguido de esto Sophia caminó lentamente hasta finalmente hacer lo mismo.
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