
Tenemos el mismo problema que el otro día, dije entre lágrimas, trataste de calmarme con todas tus fuerzas pero aún así seguía perdido entre los escombros de mi alma.
La vida pasa lenta- añadí. Te costó comprender mis palabras, te costó digerir la escena dantesca que te provocaba verme caído y libre frente a todo prejuicio sentimental. No podría haberlo hecho sin tí, me dije a mí mismo, todo era por tí.
Espadas, muchas espadas se levantaron desde su tumbas y se alzaron por los cielos, dejando un rastro de brillanteza en el cielo, todo se iluminó. Estabamos cerca, estabamos en la cima, toda la tierra pareció levantarse con nosotros, un halo de luz, tan celestial, tan hermosa, tan plácida nos tocó con su calor maternal. Nos sentíamos bien, todo estaba bien. Comenzaste a flotar, comenzamos a flotar; parecía no importarte nada aparte de mis sentimientos. Ibamos subiendo, ascendiendo por áquella luz, mientras las piedras flotaban.
Te besé y mi piel fué tocando la luz que se posó sobre nuestros cuerpos. Mi piel se hizo transparente, mi rostro desapareció ; no me dí cuenta si el tuyo lo hizo, sólo sabía que estabas conmigo. Todo nuestro cuerpo desapareció, dejando nuestro corazón latiendo, flotando entre todo ese roquerío flotante, parecían dos lámparas en medio de un tornado, un tornado agresivo pero tranquilizante al mismo tiempo. Nuestros corazones cambiaron de color, eran de oro.
Todo estaba bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario