viernes, 28 de enero de 2011

Esencia


Mientras yo y Sophia estabamos en el jardín del palacio, Vladislav, seguía en el vestíbulo buscandóla en vano...

- Se ha demorado más de lo previsto será mejor ir a ver...

Karpov se aproximó hacia la entrada de los bastidores pero uno de los guardias lo detuvo.

- Esto, es un pequeño problema...
- Cough, señor ... me ... siento bastante mal. - Dijo una de las damas que se encontraba bailando.

Uno de los caballeros que se encontraba cerca la tomó del brazo y ésta cayó al suelo, desvanecida botando sangre desde la boca.
El baile paró y pronto mas personas comenzaron a caer mientras la gente comenzaba a asustarse.

En ese momento entré con Sophia casi muerta desde el jardín a los bastidores del castillo en busca de ayuda, pero me encontré con que la mayoría de las personas estaban en el suelo con sangre en la boca. Karpov aprovechó la situación entre gritos y atravesó la puerta para reencontrarnos.

- Karpov, Sophia está mal. -estaba bastante desconcertado por lo que estaba ocurriendo.
- Lo sé, la gente, está ... muriendo, algo está pasando.
- Debemos salvarla, debemos.

Mientras tanto en los aposentos del príncipe una persona entró cubierta de una capa negra.

- La gente está muriendo, TÚ gente está muriendo. - dijo la sombra.
- ¡¿QUÉ?!, quién eres tú?. - dijo el príncipe cogiendo una de las espadas que tenía a mano.
- Soy Amélie, General de la primera división del Imperio Rojo, su castillo ahora mismo está bajo ataque y usted debe salir con vida desde aquí.
- ... Lo sabía, una boda no sería lo que terminaría con la guerra, no descanzarían hasta quedarse con el reino... Debo hacer algo, lo siento no iré con usted.
- No le estoy dando una opción, no puede hacer nada usted está bajo el arresto del imperio rojo.
- Sophia...

El príncipe arremetió contra la sombra con la espada, pero ésta ágilmente giró y puso un arma a la espalda del noble.

- Tengo Autorización para matarle, pero me sirve más con vida, no me haga acabar con esto.

En el pasillo todavía seguía agonizante Sophia mientras me entregaba a la desesperación.

- Karpov, haz algo, te lo pido. - supliqué.
- De acuerdo a las muertes, debe ser un ataque biológico, una bacteria o algo, los está matando.

Sophia abrió los ojos lentamente y tomó mi mano.

- Fueron, fueron ellos ... Ceres me dijo algo, no creía que la boda sería el final de la guerra, es por eso que no quería casarse con esa mujer ... no le he creído, soy una tonta ... no merezco su amor ..
- Sophia!, no, espera .. tu sabes vivir, el te ama, siempre te seguirá amando.
- Hermes.
- Sophia ... por dios ... no mueras.
- Hermes!, tengo una solución. - gritó Karpov
- Uh? ..
- Su esencia, recuerdas que dije que te podría dar un poco de ella sin morir?, pues creo que ... si ella decide que tu puedes tomarla por completo, puede seguir viva, en un estado latente, en un letargo profundo hasta que tu decidas, es la única posibilidad de que viva.
- Karpov, lo hubieras dicho antes

Sophia medio muerta seguía tosiendo sangre mientras al parecer el alboroto en el salón comenzaba a convertirse en llantos y gritos de auxilio.

- No hay nada mejor que la muerte, que la esencia de la nada, que todo termine, que todo acabe y vuelva a nacer ... todo ... - suspiró Sophía.
- Sophia, necesito tu esencia, tu ser ... me lo das?. - rogué
- Toma todo, ya nada me sirve nisiquiera yo misma, yo ... debo dormir.

Una luz comenzó a salir del cuerpo de Sophia y ésta iluminó el pasillo completo, mientras tomó forma de una roca porosa en forma de corazón, con un color rojizo oscuro.

- He ahí, la esencia de Sophia Ritz. - dijo Karpov. - Nos vamos?, es hora de seguir el viaje.

Tomé la piedra y la guardé en uno de mis bolsillos, al tomarla era imposible que no se vinieran recuerdos de Sophia, de su rostro, de su vestido, de su música, de la elegancia de su ser.

Karpov abrió su libro y pronto, finalmente estuvimos fuera de áquel mundo en donde todo había terminado mal... El país vecino se tomó áquella noche el palacio y el príncipe murió poco después al oponerse al régimen nuevo. Pero las personas todavía hablaban de áquella mujer carmesí que cuando desapareció el país murió, ella era "El encanto del Reino" decían.

"Mi nombre: Sophia Ritz, no te dejes seducir por mi música ni mis artilugios, dentro de mí brilla la llama del Fuego eterno

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