Su vida era un asco, áquella noche en la que Seth se quedó en nuestro apartamento, me contó sobre su madre y su familia; vivió con su padre hasta que éste falleció y tuvo que vivir con su madre, una mujer perdida en la demencia de la lujuria y la juventud ya pasada.
Su madre era una arquitecta que aunque ganaba grandes cantidades de dinero y vivía cómodamente, tenía problemas a diario a causa de su carácter infantil, Seth debía vivir resignado a vivir con una mujer que era más infantil que él mismo, una mujer que salía cada noche con sus novios semanales y no llegaba hasta el otro día, cuando debía trabajar en la mañana.
Sin embargo, decía, estaba más feliz ahora que antes, cuando falleció su padre, su madre cayó en el alcoholismo, perdida entre los delirios de áquel brebaje que destruye todo a su paso intentó quitarse la vida muchas veces, sin éxito. Había superado sus problemas poco tiempo después y ahora se proponía tomar las riendas de su desbaratada vida en una nueva ciudad.
- Sin embargo, la quiero mucho, ella es la mujer que me dió la vida. -dijo Seth mirando tristemente el suelo del cuarto de Lawrrence.
Realmente me apenaba lo sucedido, y debía dejar mi lado malévolo de lado para tratar de hacerlo sentir mejor, y de paso conseguirme el número telefónico de su madre, debía estar preocupada.
- Por cierto, no intentes llamar a mi madre, está de parranda con un "amigo". - dijo en seco.
Quedé helado, este chico era experto en leer mentes. Era realmente extraño.
- Podríamos leer algo juntos o jugar algo, te gustan los MMORPG's cierto?. - dije tratando de hacerlo olvidar el tema.
Sus ojos se iluminaron, levantó la cabeza. - CLARO!, me gusta mucho "Forgotten Realms", lo juegas?. - dijo animado, como si le hubieran dado una pastilla o algo que quitaba las penas de inmediato.
- Si, supongo no juego mucho pero ... - levanté mi almohada y saqué mi laptop, encendiéndola y ejecutando el juego lo más rápido posible.
- Oooh, pero eres nivel bajo!, déjame ayudarte. - cogió la laptop y se sentó a mi lado.
Quién diría que un chico tan alto y atlético como él podría gustarle esa clase de entretención, esa noche no dormimos jugando hasta el día siguiente, propusimos juntarnos una vez a la semana a jugar y pronto hice mi primer amigo en el instituto... Pasaron las semanas y todo seguía normal, si no fuera por la puerta.
Habíamos salido tarde del instituto, nevaba y la ciudad parecía apagada y unas nubes negras oscurecían aquella tarde de Diciembre, íbamos caminando mientras hablábamos sobre las diferentes asignaturas cuando de pronto, pasamos de lado a una puerta que brillaba.
- Y esto?. - dije.
- Hmp, que lugar más raro para una puerta. - exclamó Seth.
La puerta estaba en medio de un callejón, sostenida por murallas invisibles y estaba media abiertas, mientras un brillo rojo parecía salir del místico rectángulo.
- Quiero ver ... que será. - me acerqué.
- Espera, puede ser algo, yo ... - dijo asustado.
- No puede ser nada, es una puerta ... que podrá hacerte, devorarte?. -dije riendo.
-No digo que vaya a devorarme, sólo que es bastante raro, piénsalo.
En ese momento puse una expresión de ingenio en mi rostro, me acerqué mientras sentía como la nieve se hundía entre mis botas, y mi aliento cálido se desprendía de mi boca, una sensación de nerviosismo se apoderó de mi cuerpo.
- No pensarás abrirla. - dijo Seth.
No hice caso, tomé la manilla de la puerta, era cálida, como si fuera ajena al invierno crudo que se vivía. Comencé a abrirla, pero algo me detuvo, era una canción, no, eran voces, eran voces ángelicales que parecían llamarme desde el otro lado, la expresión de mi rostro se borró y mis ojos se volvieron fríos y el cotilleo incesante de mi mente se detuvo, estaba en un barranco, estaba cayendo, estaba descansando. Apenas escuchaba los gritos de Seth a lo lejos, mientras mi mirada se perdía en la oscuridad del abismo.
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