Volviendo aquél día del instituto, Lawrence caminaba cerca del chico. Había algo raro ese día, estaba nublado y ambos llevaban el chaleco polar del instituto.
De pronto ambos se detuvieron en una de las esquinas, el chico se giró hacia Lawrence y se despidió de este, con una gran sonrisa en su rostro, que se amplificaba por sus finos rasgos, su cabello castaño y sus ojos marrón claro.
Lawrence respondió con una sonrisa, mientras el chico se separaba de éste y se disponía a cruzar la calle. Todo era tan irreal, tan feliz ... el tiempo pareció detenerse. Lawrence se percató que estaba comenzando a nevar y observo como la nieve caía sobre el cuerpo en movimiento del joven.
Lawrence sonrió.
El chico se dio vuelta y miró a Lawrence riendo, estiró la mano y tomo un poco de la nieve que caía en sus manos, en medio de la calle.
De pronto, sucedió.
Una bala negra, como un ángel venido desde las mismas entrañas del infierno se cruzó frente a Lawrence llevándose consigo al joven.
Todo se volvió gris, el suelo que pisaba Lawrence comenzó a tornarse un cristal violáceo...
Lawrence corrió hacia el chico que estaba tirado en el piso unos metros lejos de el, al llegar se percató que estaba boca abajo ensangrentando el piso a su alrededor.
Los edificios se comenzaron a cristalizar ...
Se agachó y lo volteó para ver su rostro, estaba dormido, ensangrentado y dormido ...
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