Las barandas de la escalera terminaban en pequeños querubines con las alas abiertas que se inclinaban levemente invitando a las personas a subir por la ostentosa estructura. Ambos lados del a escalera habían dos estatuas de mujeres en posición fetal.
- Oh, has llegado! - exclamó una voz que venía de las escaleras, Mercurius observó como un hombre mayor bajaba las ostentosas escaleras lentamente, llevaba una túnica blanca, pelo largo blanco, y una barba blanca, para variar. Parecía fusionarse con el ambiente y lo único que llevaba de otro color, eran unas pequeñas gafas de color negro que aumentaban el tamaño de sus ojos considerablemente. Finalmente al llegar al primer piso, se acercó a Mercurius y le tendió la mano.
- Mi nombre es Nilrem - dijo el viejo, Mercurius siguió asombrado por el hermoso salón blanco. - Bueno, es hermoso no?, Es el Salón del Verso invertido, y hoy tú eres nuestro invitado especial.
- Yo?. - el chico se sorprendió. - Por qué yo?, ni siquiera sé como he venido a para aquí ... no recuerdo nada...
- Hay alguien que quiere verte. - interrumpió el hombre, al parecer no había tomado atención a las interrogantes del chico. - Sígueme.
El hombre comenzó a caminar a una de las paredes del lugar y con gesto de su mano se abrió de par en par haciendo aparecer un pasadizo, hizo la señal de proseguir a Mercurius, éste obedeció, sus ojos se comenzaban a cansar por el brillo de color blanco.
Entraron a una sala larga y monótona, una mesa de madera larga abarcaba toda la sala y en ella habían al menos diez personas mayores, todas riendo alocada y desenfrenadamente, lanzando frases incomprensibles, Nilrem pareció decirle algo a Mercurius, sin embargo éste no pudo escuchar por el ruido.
Nilrem sacó un bastón de su túnica y golpeó el suelo con delicadeza, todos parecieron callarse de inmediato, mirando a Nilrem con sorpresa, cómo si ni siquiera se hubieran percatado de su presencia.
- Ve y sientate allí. - le dijo a Mercurius, éste lo miró fijamente pero luego optó por obedecer.
Los pasos se hacían eternos y fuertes a medida que avanzaba a la silla al final de la mesa al otro lado de dónde se encontraba el viejo Nilrem. Los viejos parecían incómodos y ninguno movía un músculo, sin embargo Mercurius sabía sus ojos lo seguían paso por paso, finalmente llegó al lugar indicado y se sentó.
- Bien, espera un momento, ya vuelvo. - dijo Nilrem al tiempo en que salía de la habitación y la puerta desaparecía de la pared.
El silencio era incómodo y los ojos de los viejos parecían cada vez clavarse en Mercurius, éste decidió bajar la cabeza, había un pequeño plato con un bistec que parecía apetitoso frente a el. Tomó uno de los tenedores y cuchillos a sus lados y comenzó a comer el bistec, hacía mucho ruido y los viejos seguían mirándolo.
- RATAS! - gritó uno al tiempo que reía, sin embargo luego calló al darse cuenta que ninguno lo seguía y todos seguían mirando a Mercurius.
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