Las catacumbas eran circulares, como las anteriores, sin embargo ésta contaba con un pasillo en dirección norte repleto de tumbas en sus paredes, Lex tenía miedo, los lugares anteriores eran pequeños y vacíos, sin embargo quién sabía si había algún espíritu del desierto rondando por allí.
Los Duhur, monjes ancestrales del desierto de Adul'hab no se podían permitir morir en las ciudades puesto que eran lugares sagrados, una ciudad siempre estaba asentada sobre un Oasis y éstos eran lugar de veneración por los monjes, fuentes de vida en medio del abrasador desierto. Construyeron miles de catacumbas a lo largo del desierto algunas conectadas entre sí, que luego al quedar sepultadas por la arena servirían como refugio para los viajeros de los Espíritus del desierto.
El ambiente allí era húmedo, los sarcófagos parecían susurrar un lenguaje lejano y etéreo, el silencio parecía apoderarse del lugar mientras Set y Lex observaban detenidamente el pasillo que se perdía en la profundidad de las sombras y las penumbras.
-No podemos dormir aquí. - Set parecía serio otra vez, estaba delante de Lex, frente al pasillo observándolo con detenimiento. -¿A qué te refieres? - Lex comenzaba a impacientarse.
-Aquí hay un Condenado, un espíritu. - Esta vez Set hablaba bajo, como si no quisiera emitir mucho ruido. Las paredes seguían susurrando silenciosamente, Set hizo una señal al chico con su mano para que avanzaran en la oscuridad.
Los pasos parecían desquebrajar cada vez más el susurro incesante, cada paso despellejaba el silencio, volviéndose una lenta carrera al abismo oscuro que yacía frente a ambos. Justo antes de seguir por el pasillo oscuro, Set se detuvo y sacó una antorcha y un libro viejo de portada azul marino desde el bolso.
- Set, ¿qué es eso? - los latidos de Lex se hacían cada vez más rápido. Desde que llegaron al desierto de Adul'hab, había oído de los Espíritus del Desierto, sin embargo Set siempre entraba a las catacumbas para luego dormir antes del amanecer, haciendo imposible la visión de uno. Lex se imaginaba un ser horrendo y grotesco esperando en las sombras para devorar sus almas; luego se dio cuenta de que debían ser más fantasmales y etéreos por la connotación de "Espíritu". Después de un tiempo Set les llamó "Seres Físicos", entonces Lex desertó en la labor de encontrarle una forma a aquéllos temidos seres.
-Un Libro de Esplendor, estas páginas contienen los secretos espirituales del desierto. - respondió, sin perder de vista la oscuridad, con el libro entre sus piernas y encendiendo la antorcha con un extraño artefacto largo parecido a una caña de metal que dejaba salir una pequeña llama azul desde uno de sus extremos.
La luz invadió el lugar, los susurros se detuvieron, las paredes dejaron de hablar, los muertos callaron y entre las sombras ya desvanecidas por la luz, en una esquina al final del pasillo, había un bulto de carne blanca con magulladuras rojas. Lex se controló para no soltar un alarido, sin embargo éste si gritó, pero para sus adentros, dónde las ondas sonoras se convirtieron en un miedo inexplicable.
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