sábado, 27 de agosto de 2011

-¿Y de noche no es más difícil verlos?. - Lex estaba realmente interesado en el tema. Por fin podría ver el mundo con mis propios ojos y no de relatos vacíos que el Frater Euranios le contaba.
- Duermen en la noche, como la gente normal - El desierto seguía viéndose claramente, arenas infinitas aparecían ante cada uno de sus pasos, no había señal de vida y el único sonido que se lograba escuchar era el del silencio, susurrándoles y quebrándose cada vez que uno de los dos se atrevía a hablar y desafiarlo en la inmensidad del desierto. - No soportan el frío del desierto nocturno, y sus sentidos se vuelven cada vez más negros al pasar el tiempo, así como su alma también se degrada cada vez más. - continuó.

Conforme con las respuestas, decidí concentrarme en el camino. Pasaron horas largas de caminata y mis pies cada vez se cansaban más del largo viaje, caminar sobre la arena era difícil y realmente sus piernas ya comenzaban a temblar. De pronto y tras horas de caminata, el sol comenzó a mostrar sus primeros rayos en el horizonte. Set pareció preocupado.

-Debemos encontrar una catacumba rápido. - dijo, dejando el bolso en la arena al tiempo que comenzaba a hurgar en él.
- ¿Qué pasa? - pregunté un poco nervioso, los rayos del sol comenzaban a calentar mis ropas.
-Rápido, ve y busca, excava, rápido, debe estar por aquí. - respondió hurgando desesperadamente entre sus cosas.

El sol radiante parecía salir más rápido de lo normal, los hermosos rayos dorados parecieron cegar a Lex, comenzó a tratar de buscar en la arena alguna entrada, así como anteriormente habían entrado a catacumbas subterráneas, quizás eso era lo quería Set ahora.

- ¡Más a tu izquierda! - gritó Set, Lex obedeció.

Por fin sintió metal y luego un aro de hierro, limpió la arena a su alrededor y cuando divisó la puerta completamente trató de jalarlo, sin resultados. Set le ayudó a jalar y juntos abrieron las misteriosas catacumbas. Lex entró y luego Set le siguió.

No hay comentarios:

Publicar un comentario