Lawrence despertó en medio de la noche, sus pies estaban helados, la camisa que había usado los últimos dos días estaba sudada, odiaba estar así, necesitaba su ropa informal, el uniforme del instituto parecían apresarlo. Dio unas vueltas en la cama pero no lograba cerrar los ojos, éstos se mantenían abiertos mirase donde mirase.
De pronto escuchó unos gritos. Su cuerpo se estremeció, levantó la cabeza y luego miró a Seth, que dormía profundamente. - Deben ser los locos del mercado. - pensó, pero no.
Unas calles más allá, cerca de la entrada aparecieron diez sombras negras con espadas de fuego, destruyendo todo el mercado que a esas altas horas todavía seguía abierto a todo público, los alaridos de los vendedores y la gente tocando instrumentos para divertir a la muchedumbre dejaron de hacerlo para que el sonido de la desesperación se tomara la ciudad.
Aves doradas con hermosos yelmos plateados sobrevolaron la ciudad. Vladislav escuchó todo y corrió a despertar a Hermes, que estaba en uno de los sofás de aquélla habitación durmiendo.
La casa era propiedad de Hermes y la mantenía llena de cosas que había traído personalmente de La Fuente, era una habitación grande que contaba con una cocina, comedor y unos dos sofás en los que ambos dormían, el segundo piso tenía dos habitaciones: una sala dónde guardaba la mercancía que traía de la fuente para comercializarla en Adul'hab, y otra dónde tenía todo tipo de indumentaria con la que modificaba los móviles y los transformaba en artefactos para recorrer los distintos mundos de la Irrealidad.
- Hermes algo sucede. - dijo Karpov, mientras este daba unas vueltas en el sillón hasta caer al piso, hizo una mueca de dolor y abrió los ojos, escuchó los gritos. - No puede ser, debemos despertar a los chicos.
En el segundo piso, Hermes se dirigió a la cama de Seth y se arrodilló tratando de despertarlo.
- Que sucede?. - preguntó Seth.
- No lo sé, se escuchan gritos. - respondió Lawrence al tiempo en que el chico y el hombre entraban por la puerta rápidamente.
- Chicos, necesito que se escondan aquí, no vean por la ventana y no abran la puerta a nadie. - En aquél momento muchas aves doradas pasaron enfrente de la ventana recorriendo las calles de la atareada Adul'hab.
- La guardia dorada - susurró Hermes.
- Algo realmente grave debe estar pasando. - dedujo Karpov.
Hermes y Karpov salieron a la calle, Hermes llevaba un bate, podría serle útil.
Enfrente suyo encontraron a caballeros vistiendo brillantes armaduras doradas con el emblema de la guardia dorada de Adul'hab. Ésta era contratada por la familia real eran llamados los Metamagos, ya que se podían transformar en bellas aves doradas para sobrevolar la ciudad y mantener el orden. De las cinco guardias que existían en tiempos ancestrales éstas eran las únicas que todavía servían a Adul'hab y la familia real. La gente les temía pues su mayor voto era el no poder hablar con nadie que no fuera un hermano de sangre o un hermano de guarida, para poder mantener en secreto el arte de la transformación, por lo que también habían sido instruidos en el arte de la telepatía y cada vez que debían comunicar algo a un civil, éstos les enviaban un mensaje claro y directo. Su emblema era un fenix sobre un sol y se distinguían por su brillante armadura y sus yelmos con hermosas plumas.
- Despejad el lugar. - avisó uno de ellos a Karpov sin decir ninguna palabra.
- Que está pasando?! - gritó Hermes, una mujer que pasaba por allí corriendo en dirección al centro de la ciudad pasó enfrente de éste al tiempo que el la cogía de un brazo. - Dígame que está pasando. - gritó Hermes. - Caballeros negros!, la gente dice que son increados, han entrado por todas partes, debemos ir al palacio. - musitó la mujer. Hermes la soltó, y siguió corriendo.
- Por dios, Hermes, debemos sacar a los chicos de allí y llevarlos al palacio, estarán seguro y comunicaremos al Sumo Regente que ellos conocen la ubicación de la Emperatriz en sus memorias. - dijo Karpov, Hermes no lo pensó dos veces, corrió dentro del la casa y sacó a los chicos de allí, estaban en un rincón de la habitación sentados confundidos.
- Vámonos de aquí. - dijo Hermes, los chicos obedecieron.
Lawrence estaba confundido, al salir vio fuego en algunas de los edificios a la redonda, el sol eclipsado seguía allí mismo, dónde había estado todo el día, tarde y noche. Llegaron a una puerta gigante adornada con grandes aves doradas, era un fénix.
- Entren aquí chicos, Karpov llévalos y habla con el Sumo Regente, quizás sean la única opción. - dijo Hermes.
- Dónde irás?. - pregunto Karpov, nervioso, era la primera vez que Hermes lo veía nervioso y aunque lo habían conocido hace poco, también a los chicos les parecía raro.
- Debo ir a buscar mi móvil, se ha quedado allí, sin el no podemos movernos.- respondió el, mientras uno de los Metamagos le enviaba mensajes telepáticos: Iban a cerrar las grandes puertas pronto. Hermes se despidió, Lawrence vio sus ojos como si el tiempo fuera más lento, de momento se sintió familiar, como si el también hubiera pasado por lo que el estaba pasando.
Karpov tomó a ambos chicos del brazo y comenzó a correr en dirección al Palacio Real.
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